Miserez: Tenemos que saber compartir el pan de cada día

Aumenta la cantidad de vecinos que golpean su puerta y confiesa que con la crisis todo se hace más difícil. Alberto Miserez y su familia asisten a 300 familias y agradece la colaboración de la gente. Su impotencia cuando visita a personas que tuvieron que armar ranchos porque no tienen donde ir a vivir. Pide poner en práctica las palabras del Papa en las acciones solidarias diarias.

Compartir unas horas con él es comprobar que en cada gesto de vida la humildad, solidaridad y fe son la energía que sostiene esa mano tendida con quienes menos tienen.

Alguna vez en Edición Uno una mujer que recibía su ayuda lo llamó “El ángel de los pobres” y hoy las familias carenciadas se multiplicaron, pero él sigue con la misma fuerza tratando de atenderlas.

Cuando llegamos a su casa saludaba a una mujer y a sus hijas que caminando debían regresar hasta la zona del Club de Planeadores. “Hoy no las puedo acercar, pero se llevan pan, fideos y algo de buseca para los próximos días. Son 20 en una casa que les prestan, las chicas son madres y es difícil alimentar a todos, vienen hoy porque con la lluvia no pudieron salir antes”, cuenta Alberto Miserez.

“Lo hago porque me siento bien y sé que ellos lo necesitan. En Esperanza nadie se va a morir de hambre porque nos ayudamos entre todos, pero hay gente que no la pasa bien, a la que el dinero del subsidio no le alcanza y no tiene trabajo. Se nos hace cada vez más difícil, aunque cuento con ayudas espectaculares, nunca pensé tener esta cantidad. Siempre digo que existe lugar para uno más, pero tampoco imaginé tanta gente colaborando”, reflexiona.

NÚMEROS QUE DUELEN

– ¿Cuántas familias golpean su puerta?

Hoy son 300 familias las que se acercan durante el mes y para organizarnos empecé a dar el pan sólo los jueves, pero vienen otro día por la caja de leche en polvo, harina o un paquete de fideo. El problema es cuando pasamos el 20, ahí se siente mucho más la necesidad. Antes se acercaba una madre a buscar para su familia y ahora la abuela solicita para sus nietos, entonces se complica, el jueves anterior teníamos casi a 250 familias solicitando una mano.

– ¿Esas madres reciben otra ayuda?

Las que vienen acá son familias asistidas por Cáritas de barrio Sur, del San José o el Centro, pero como siempre digo, no llegan para alimentar a todos. Hoy una caja de leche les dura más o menos siete días, ¿qué hacen las otras tres semanas?

Una familia numerosa necesita cuatro kilos de pan por día, a $ 15 el kilo son $ 1.800 al mes sólo en eso y reciben un subsidio de $ 2.500, no llegan a comprar otros alimentos.

– ¿Los conoce a todos?

A la mayoría sí, sé en qué barrios viven y ellos nos cuentan su vida. Mi señora me ayuda mucho porque se acuerda los nombres, yo no soy de ir a visitarlos a su casa y por eso me guío por los pedidos que me hacen y vemos cómo podemos ayudarlos.

– ¿La demanda es mayor?

Sí claro, la crisis se siente mucho y la cantidad de familias crece. No hay demasiados secretos, todos sabemos cuándo la economía está apretada. Hoy una persona que vive de changas y gana 100 ó 120 pesos por día no puede comprar la comida para toda la familia, además está muy difícil hasta para conseguir esos trabajos temporarios.

LA AYUDA PARA DAR

No duda en nombrar a Marcela, su esposa, como la principal colaboradora en esta cruzada de amor. Mientras dialogamos ella siguió ordenando alimentos y distribuyendo en partes iguales una reciente donación. “A mi señora no le crecen las uñas desde que hacemos esto, hay mucho trabajo siempre”, relata y agrega: “No estamos solos, tenemos colaboradores para entregar el pan y gente que confía en nosotros”.

Don Alberto, como todos lo llaman, comenta que en su recorrida diaria para obtener el pan que le regalan cerca de 10 panaderías de la ciudad gasta aproximadamente 1.200 pesos mensuales sólo en combustible: “Las visito todos los días y me entregan el pan que no pudieron vender, a eso sumamos los jueves 150 kilos de pan que compramos gracias a la colaboración de empresas o particulares que confían y me dan dinero en donación para adquirir alimentos. En estos días estoy llegando porque recibí la ayuda de un abuelo de 90 años que me entregó dinero para lo que necesite… Siempre Dios provee, entre todos nos damos una mano”, dice esperanzado Miserez.

– Pero cuando la economía ajusta a las empresas también se les hace difícil colaborar, ¿sigue firme ese apoyo?

Antes un lunes salía a recorrer las panaderías y juntaba 40 ó 50 kilos de pan y hoy apenas puedo reunir 10 ó 15 kilos, aunque debo destacar esa colaboración, porque todos hacen un esfuerzo. Hay semanas que entregamos 400 kilos de pan y a eso hay que sumarle los fideos, el azúcar y la harina. Todos los meses una empresa nos dona 150 cajas de leche en polvo y recibimos otra donación de 40 cajas, también nos entregan 50 kilos de fideos tipo tallarín que se rompen y nosotros hacemos bolsitas más chicas para repartir. La situación está difícil para todos, pero la solidaridad y la confianza nos permiten continuar.

– ¿Y con los pedidos de muebles y colchones?

Lo sigo a medias, hay gente que me dice “tengo una cama, un colchón o una cocina”, por lo cual si alguien las necesita procuro solucionarlo, el problema es el traslado, porque ellos no tienen para un taxi flete y para nosotros es caro. Hay fleteros que nos hacen grandes gauchadas, pero ese es su trabajo y debemos pagarlo.

LOS BARRIOS

– ¿Hay algún sector que necesita más ayuda?

Siempre miramos a La Orilla y al barrio Sur, pero también en el Oeste existen problemas, en la vía hay como 10 ranchos, gente que vive mal. Voy y procuro ayudarla, pero no tengo la solución para muchas cosas.

Como si se tratara de un experto asistente social describe los lugares donde están ubicadas esas precarias viviendas, los apellidos de las familias y por qué llegaron allí. Lo sufre, no quiere herir con sus palabras, pero no puede dejar de reflexionar: “Nadie quiere ir a vivir a un rancho, siempre digo que el trabajo y una casa dignifican a la persona, aunque sin un empleo no hay sueldo, la asignación ayuda pero no alcanza para pagar un alquiler, entonces viven en casas o terrenos usurpados, eso a uno lo pone mal, en un país tan rico como este me cuesta entender que suceda algo así. La presidenta dice que producimos alimentos para cientos de millones de personas del mundo, pero acá somos más de 40 millones y hay personas que pasan hambre”.

– ¿Siguen llegando hermanos de otras localidades?

Eso todavía pasa, aunque quizás en menor cantidad, pero también se dio otro fenómeno: gente que vino del norte y como no le fue bien aquí volvió a su pueblo natal, aunque como tampoco encontró trabajo allí regresó a Esperanza.

Buscan una forma de mejorar su vida, aunque está muy difícil. La gente que viene del norte, los padres de familia, tienen problemas con el Mal de Chagas. Ahora dicen que están tratando de sacar nueva medicación contra esa enfermedad, pero no entiendo por qué no hacemos algo más sencillo y combatimos la vinchuca.

La fe

– ¿El fenómeno del Papa Francisco movilizó más la solidaridad?

A veces me dicen “qué lindo que habla el Papa, cuántas cosas dice, cuántas verdades”, respondo pongámoslo en práctica, el Papa dijo la comida que se tira en el mundo es el alimento que se saca a los pobres y ver gente que remueve la basura me estremece. Por suerte eso todavía no sucede en Esperanza, pero tenemos que saber compartir el pan de cada día.

– ¿Qué se vea más gente en los templos puede ayudar?

Si vas a un templo y escuchás la homilía del sacerdote o las frases del Papa Francisco y decís me siento bien, bueno, sirvamos al prójimo, pongamos en práctica la palabra y nos vamos a sentir mejor. Quizás cruzaste a uno que te pidió ayuda y le dijiste que no tenías y en realidad podés darle una mano.

A veces por llegar temprano al templo no vemos al hermano que sufre. Dios hizo al mundo con toda la riqueza para que a nadie le falte nada, por eso el que posee mucho podría compartir con quien nada tiene, pero no, más quiere y el que cuenta con muy poco se arregla como puede. Confiemos en Jesús para que todos puedan tener su pan.

– ¿Algún día piensa dejar este servicio?

– Siempre comenté que si la salud me acompañaba lo haría hasta los 70 años, mis hijos me dicen “basta papi”, pero aunque puedo tener algunos problemas me siento bien y por ahora quiero seguir.

Con 67 años este esperancino que es puro corazón y lleva cerca de 25 años de incansable trabajo para los que menos tienen, no piensa detenerse. La ciudad confía en su acción de amor y él se siente orgulloso de eso. Lo hace feliz, a pesar de las adversidades.

Terminamos la charla, llegamos a la vereda para el saludo de despedida y encontramos a un joven vendedor de naranjas ofreciendo sus productos. Compra las últimas docenas y confiesa en voz baja: “No son para mí, alguien las va a saborear, pero así lo ayudo a él que se la rebusca sin hacer nada malo”.

Simpleza, ejemplo y solidaridad a cada paso, cuestiones que muchos deberían aprender.

El Dato

Entre donaciones de fideos, pan y leche en polvo, Miserez reparte cerca de 700 kilos de alimento por mes a unas 300 familias necesitadas de la ciudad.

 No es una competencia

“Este trabajo nace del corazón y no busca una competencia con nadie, me alegra que seamos varios los que colaboramos con quienes más lo necesitan. No se trata de una carrera con Cáritas ni con la Campaña al Impenetrable, todos ayudamos a nuestros hermanos”.

 

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