«No vamos a bajar los brazos, la memoria será resguardada», expresó el Sec. de Cultura de Rosario

Para Dante Taparelli, secretario de Cultura local, las áreas de cultura de los gobiernos deberían tener voz y voto en la planificación urbana

El patrimonio de una ciudad no son solo sus edificios, también lo son las historias que tuvieron como escenario esas construcciones. Así lo advierte el secretario de Cultura del municipio, el artista plástico Dante Taparelli al momento de sentar posición sobre el debate abierto en torno a la suerte del bar de la esquina de Mitre y pasaje Fabricio Simeoni, epicentro de la movida cultural de los 80 y 90, actualmente cerrado y, según advierten sus vecinos, posible víctima del mercado inmobiliario. Para Taparelli, las áreas de cultura de los gobiernos deberían tener voz y voto en las decisiones sobre planificación urbana, pero “no solo para impedir que los edificios se demuelan”, sino para “ser ecuánimes” y generar las “tormentas de ideas” necesarias para determinar “qué se hace en esos lugares”.

Taparelli tiene en carpeta un proyecto para crear una memorabilia de los poetas de la ciudad ya fallecidos. La placa iba a instalarse en una de las paredes de la esquina de Mitre al 300, donde hasta hace un mes funcionó el bar Jekyll & Hyde. “Pero no vamos a bajar los brazos. La memoria será resguardada. Están los adoquines del pasaje, están las placas que recuerdan a los poetas de Rosario y les pondremos escena”, advierte en diálogo con este diario.

El cierre del histórico local alertó a los vecinos y defensores del patrimonio de la ciudad. También tema de debate en la última sesión del Concejo Municipal, donde se aprobó un proyecto de decreto para que se incluya al edificio dentro del catálogo de edificios de valor patrimonial. Desde el municipio aclararon, no obstante, que no se tramitó ningún permiso de construcción o demolición para la esquina de Mitre al 300.

Para el secretario de Cultura municipal, la situación permite mucha tela para cortar y sobre todo amerita una discusión “de fondo” sobre el valor patrimonial de edificios y lugares donde transcurrió una parte importante de la historia de la ciudad. “En estos temas parece que siempre lloramos sobre la leche derramada y nos debemos una discusión más profunda sobre cómo preservar estos edificios”, reflexiona y advierte que Cultura tiene mucho para aportar en este debate.

Una vuelta más
El inmueble de la esquina de Mitre y pasaje Simeoni tiene detrás una larga historia. La esquina, como varias de las construcciones de la cortada de cien metros que aún conserva su empedrado, fue recuperada en los 80 como pub y bar cultural, epicentro de la movida de artistas y estudiantes post dictadura cívico militar.

Sin embargo, casi un siglo antes la construcción había albergado a un almacén típico de los que crecieron alrededor del Mercado Norte (ahora, la plaza del Che) con el que se abastecía a trabajadores y vecinos del puerto de la ciudad. Un gran salón de venta provisto de inmensos sótanos que servían para resguardar mercaderías.

“Para poder preservar esos edificios tenemos que ser ecuánimes”, propone Taparelli. Esto significa, “buscar mecanismos que no perjudiquen a sus propietarios que, en muchos casos, son personas que heredan esas casonas como único patrimonio familiar”.

Por eso, entiende, las políticas públicas tienen que “generar modos de resarcir a los propietarios y tener ideas claras sobre qué se hace con estos lugares”.

Taparelli considera que “es necesario que nos pongamos a pensar seriamente cómo defender el valor histórico de esas construcciones sin afectar a los otros” o para “preservar el valor histórico y económico” de esos lugares. Es posible satisfacer ambos intereses. “Sólo tenemos que buscar soluciones, pero sobre todo poder discutir sin enojo”, sostiene.

Mientras tanto, se muestra a favor de mantener la memoria del pasaje Simeoni. “Siempre será un lugar de bohemia, donde se escuchen los ecos del antiguo mercado de enfrente (el Mercado Norte, demolido en los 80 y reemplazado por la plaza del Che), con construcciones que abastecieron a ese mercado popular, con su calle empedrada”, explica.

“Vamos a seguir apostando a proyectos que rieguen las raíces, que nos vinculen con nuestros ancestros con nuestra niñez. Es la forma de curar el alma, volver a encontrarse con cosas hermosas”, concluye.

 

 

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