Estudiantes de psicopedagogía realizan prácticas preprofesionales en el hospital de Niños
“La psicopedagogía no trabaja solamente con un lápiz y un papel, también ofrece un espacio de escucha, contención y soporte profesional para la atención y tratamiento de pacientes”, explica Gisela Agú, docente de la licenciatura en psicopedagogía de la Universidad del Gran Rosario (UGR) y a cargo de las prácticas preprofesionales que se desarrollan en ámbitos de salud.
En el marco de un convenio entre el servicio de salud mental del Hospital de Niños Víctor J. Vilela y el espacio curricular de prácticas preprofesionales I en ámbitos de salud de la carrera, se desarrolla desde 2015 un dispositivo psicopedagógico que acompaña a niños y niñas internados. “Este espacio de formación y también de asistencia y atención a la comunidad permite reconocer a la psicopedagogía dentro del ámbito de la salud como parte de las estrategias implementadas en los procesos de atención”, destaca la profesora que acompaña a las estudiantes en su primer acercamiento con la profesión.
El equipo de prácticas psicopedagógicas está conformado en 2021 por tres estudiantes de cuarto año: Ángeles Bianchi, Rebeca Lantelme y Julieta Foresto. También por Camila Morelli de quinto y Bianca Giuliano, graduada recientemente. En su primer día de práctica —que finalmente pudo concretarse de manera presencial— las chicas empezaron a familiarizarse con el lugar, llevaron materiales para trabajar y una payasa gigante hecha en cartón. Todos los jueves, este colorido personaje acompañará sus propuestas e intervenciones dentro de la sala 5 del hospital, un maravilloso espacio inaugurado en abril y que cuenta con recursos lúdicos inspirados en La Isla de los Inventos para cobijar a las infancias mientras transitan una internación.
«Cuando nos encontramos con chicos que fueron vulnerados en sus derechos, la psicopedagía es potenciadora de nuevos aprendizajes”
“Desde el inicio de este proyecto, uno de los objetivos principales es acompañar mediante el juego, los dibujos y la escritura, y resignificar esos saberes que traen los niños en esta instancia de internación que no es la cotidiana. Ponemos nuestra mirada en ese cuerpo, en lo que está transitando para que pueda poner en palabras o simbolizar con un dibujo o juego esos sentires, dolores o padecimientos”, destacan sobre esta experiencia que realiza el equipo en el Vilela. También buscan mantener el contacto con alguna instancia escolar que se vio interrumpida durante el proceso.
Entre los espacios que propone la materia de prácticas preprofesionales figuran también los centros de salud El Gaucho, Casiano Casas y la Unidad Docente Asistencial Interdisciplinaria para la Promoción de Salud (UDA), dependiente de la universidad donde se realiza atención grupal a niños y niñas que no tienen cobertura social.
Mirada integral de la salud
“A través de este dispositivo buscamos también visibilizar la importancia y la necesidad de la psicopedagogía en el ámbito público, una disciplina que no está reconocida para desempeñar nuestras prácticas en la salud”, dice Agú. La docente explica que al principio solo mantenían contacto con pacientes del servicio de salud mental, y que con el tiempo empezaron a visitar las distintas salas del hospital, para acercarse a pacientes que están internados por un período corto o permanecen allí por una situación de vulneración de derechos.
En esas intervenciones que el equipo llama de “única oportunidad”, y que suceden generalmente en momentos previos o posteriores a una cirugía, la propuesta incluye un espacio de juego y de escucha: “Aunque sea solo un ratito compartido, el niño o la niña puede empezar a poner en palabras o simbolizar a través de un dibujo lo que siente, sus temores y angustias”.
Estas prácticas preprofesionales procuran brindar una mirada orientada a la prevención, y que permita a su vez realizar un diagnóstico de procesos cognitivos en niños, niñas o adolescentes hasta los 18 años. Este acompañamiento que hacen las futuras profesionales también es para mamás, papás y cuidadores en su vínculo con los más pequeños, de acuerdo con lo que establece la ley de protección integral de los derechos de niños, niñas y adolescentes, la ley de salud mental y la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Formarse desde la experiencia
Desde el servicio de salud mental, los profesionales presentan primero los casos para trabajar en psicopedagogía. “Analizamos de manera grupal cómo intervenir y luego adaptamos el material que trajimos de acuerdo a las necesidades de cada niño o niña”, explican. Las estudiantes aclaran que no se ocupan de realizar un diagnóstico dentro de la institución, pero sí de observar y planificar objetivos y estrategias de intervención.
“Pensar la psicopedagogía en un espacio de salud pública implica una mirada mucho más amplia de los aprendizajes, que no solo se vinculan con ámbitos escolares sino que permitan, a través de diferentes propuestas lúdicas, que niños y niñas sean autores de sus propios aprendizajes”, remarca Bianca. La joven acompaña al grupo como profesional y en su experiencia como practicante de la institución años atrás. “Cuando nos encontramos con chicos que fueron vulnerados en sus derechos, la psicopedagogía acompaña esos procesos y también es potenciadora de nuevos aprendizajes”.
Con las mismas ganas y expectativas que sus compañeras de cuarto año, Camila (de quinto) también opina sobre las prácticas, que en su caso fueron virtuales durante el año pasado. “La psicopedagogía es un trabajo artesanal que se va construyendo a través de un trabajo interdisciplinario. No se trata solo de invitar a los chicos a jugar, cada intervención está pensada, refleja una historia y un contexto, y va mucho más allá de lo formal”, dice. La estudiante afirma que están habilitadas también para realizar la intervención en la sala de internación, en el caso de que el niño o la niña no pudiera trasladarse hasta el espacio.
¿Cómo reciben los chicos la propuesta? La profesora Agú asegura que su participación sucede generalmente desde un lugar de alegría y agradecimiento, aunque algunas veces manifiesten resistencia al encuentro en la sala, no quieran hablar o no tengan ganas de jugar. “Cuando se vulneran sus derechos encontramos sinsentidos de la vida y frustraciones. Incluso más de una vez recibimos insultos y negativas de parte de adolescentes que tienen problemáticas de consumo o crisis subjetivas graves. Atravesamos un proceso que a veces nos lleva varias semanas hasta lograr que participen y habiten un espacio nuevo”, señala acerca de esta enriquecedora experiencia.



