La interna del peronismo santafesino: una disputa alejada de los intereses ciudadanos

La dirigencia política santafesina enfrenta una paradoja incómoda: mientras el gobierno nacional de Javier Milei muestra serias dificultades para contener un escenario económico complejo, con el dólar en alza y los ingresos reales en caída libre, el peronismo provincial parece incapaz de aprovechar políticamente esa coyuntura favorable. Lejos de construir una alternativa consistente, la discusión interna se concentra en definir posiciones personales, candidaturas y espacios de poder para las elecciones legislativas nacionales de octubre próximo.

Este cuadro se traduce en un creciente distancamiento entre la política y la ciudadanía. Un dato elocuente: las últimas elecciones municipales celebradas el 29 de junio registraron los índices más bajos de participación desde 1983. Rosario tuvo una asistencia inferior al 50 %, mientras que la capital provincial alcanzó apenas el 52 %. Este fenómeno ya no puede ser atribuido solo al desinterés circunstancial o a la apatía pasajera, sino a un profundo desencanto ciudadano con una clase dirigente que perciben atrapada en disputas internas que nada tienen que ver con sus urgencias.

En el peronismo santafesino, la actual pulseada electoral enfrenta principalmente a sectores liderados por Agustín Rossi y Eduardo Toniolli, con la presencia también destacada de figuras ligadas al exgobernador Omar Perotti, como Roberto Mirabella. La interna ha cobrado visibilidad pública a través de campañas callejeras con mensajes ambiguos y críticas veladas. Así, se percibe un ambiente en el que la lucha por encabezar las listas se reduce a una pelea de nombres y pases de factura, en lugar de propuestas claras o debates sobre el modelo de provincia que pretenden impulsar.

Las disputas, además, se trasladaron a las redes sociales, revelando la falta de diálogo interno. Dirigentes del Movimiento Evita, como Gerardo Rico, y referentes cercanos a Ciudad Futura, como Pedro Peretti, protagonizaron cruces públicos acerca de posibles candidaturas, entre ellas la eventual postulación de Caren Tepp para encabezar la lista provincial. Estos intercambios muestran una fragilidad que supera lo anecdótico: la dirigencia parece incapaz de resolver sus diferencias estratégicas por fuera de la exposición mediática, debilitando aún más la imagen pública del partido.

Este clima interno lleva a preguntarse sobre el verdadero sentido político del actual debate dentro del PJ santafesino. Más allá de candidaturas puntuales, la dirigencia parece haber olvidado que el rol histórico del peronismo ha sido el de construir mayorías sociales capaces de dar respuestas concretas y políticas efectivas frente a las crisis. Hoy, por el contrario, esa tradición queda en riesgo de transformarse en una plataforma electoral vacía, ocupada únicamente en distribuir cargos y espacios a corto plazo.

La preocupación es evidente también cuando se analizan los antecedentes recientes de quienes hoy buscan encabezar las listas. Ninguno puede exhibir resultados electorales sólidos que respalden sus aspiraciones. Toniolli, respaldado por el Evita, obtuvo resultados modestos en elecciones anteriores. Rossi, pese a su extensa trayectoria, lleva consigo el desgaste acumulado de varias derrotas recientes. A esto se suma la incertidumbre generada por sectores cercanos al exgobernador Perotti, que tampoco han demostrado una estrategia clara y convocante.

En este escenario, movimientos políticos emergentes como Rosario Sin Miedo, liderado por Juan Monteverde, comienzan a captar sectores tradicionales del peronismo, profundizando así la crisis de identidad interna del PJ provincial. Este proceso implica el riesgo de una paulatina desaparición política del peronismo histórico santafesino, reemplazado progresivamente por estructuras nuevas pero aún indefinidas en términos de identidad política y proyecto de provincia.

A poco tiempo de definirse las candidaturas legislativas para octubre, el peronismo santafesino enfrenta un momento crucial. Debe decidir si profundiza el actual modelo de disputa interna, centrado en las ambiciones personales y el reparto de cargos, o recupera el espíritu original de su tradición política, orientado hacia la construcción de una mayoría social y la propuesta de un modelo alternativo de gestión pública. De no hacerlo, el resultado inevitable será la profundización del desencanto ciudadano, expresado en niveles cada vez más bajos de participación electoral. La política, después de todo, solo tiene sentido cuando logra volver a conectar con la sociedad a la que dice representar.

 

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