La noche del domingo y la mañana del lunes volvieron a mostrar una escena repetida en Rosario: ataques armados en distintos puntos de la ciudad, víctimas ajenas a cualquier conflicto previo y un contexto urbano donde la violencia irrumpe sin aviso. En menos de 24 horas, una abuela y su nieto fueron baleados en la zona norte, una joven resultó herida durante un intento de robo en el sur y un hombre ingresó con un disparo al hospital Centenario.
El hecho más grave ocurrió minutos antes de las 21 del domingo, en la intersección de Oriente y Larrechea. Según información policial, dos hombres que circulaban en moto abrieron fuego contra el lugar y alcanzaron a una mujer de 60 años y a su nieto de 6. Ambos fueron trasladados por vecinos al hospital Alberdi. La mujer sufrió una herida leve por roce de proyectil, mientras que el niño presentó una lesión en el muslo izquierdo, con orificio de entrada y sin salida, por lo que fue derivado al Hospital de Niños.
En el relevamiento inicial de la escena, los investigadores secuestraron una vaina servida calibre 22. Al momento, no se informó sobre personas detenidas ni sobre el posible móvil del ataque, una constante que se repite en este tipo de episodios donde la mecánica es similar: tiradores en moto, disparos rápidos y huida inmediata.
Horas después, otro episodio violento se registró en la zona sur. Una joven de 22 años ingresó al hospital Provincial con una herida de arma de fuego en la pierna derecha. De acuerdo con el testimonio brindado por su madre, la chica fue abordada por dos hombres en moto en Cerrito y Necochea, quienes intentaron robarle el celular. Al resistirse, uno de los agresores le disparó.
La seguidilla continuó este lunes por la mañana, cuando una ambulancia proveniente de la ciudad de Pérez trasladó al hospital Centenario a un hombre de 32 años con una herida de bala en el muslo izquierdo. Según trascendió, el ataque se produjo mientras se encontraba en la puerta de su vivienda junto a otras personas y uno de ellos le efectuó el disparo. El hecho también es investigado.
Los tres casos comparten un rasgo inquietante: ocurrieron en espacios de vida cotidiana —una esquina barrial, una calle transitada, la puerta de una casa— y tuvieron como víctimas a personas que no estaban participando de hechos delictivos. La reiteración de ataques con armas de fuego, en distintos puntos de la ciudad y con dinámicas similares, refuerza la percepción de una violencia que se sostiene más allá de operativos puntuales o cambios coyunturales.
Mientras las investigaciones avanzan de manera paralela, los episodios vuelven a plantear un escenario conocido para Rosario: el de una ciudad donde la circulación armada sigue impactando sobre la vida diaria y donde la distancia entre el delito organizado, el robo callejero y los conflictos interpersonales aparece cada vez más difusa.

