Luego de dirigirse a los manifestantes en Plaza de Mayo hasta se animó a bailar.
La multitud había arrancado con la arenga de campaña, «sí, se puede», que pronto derivó en un «sí, se pudo». Mauricio Macri, asomado en el balcón de la Casa Rosada, con su esposa Juliana Awada y su hija Antonia peligrosamente cerca del balcón, empezó a soltarse. Primero repitiendo esa arenga y luego empezando a jugar con la posibilidad de caer en otro de sus clásicos: el bailecito ganador.
«Qué baile, qué baile», le comenzo a pedir la gente, ya pasadas las 13.30 y el presidente se hizo el difícil. «Con la banda no puedo. Además le prometí a Bachelet que bailaría con ella, tendría que ir a buscarla», siguió.


