En 10 segundos:
Qué pasó: finalizó el Taller de Entrenamiento Deportivo para adolescentes del CEDI.
Qué cambia desde hoy: se completa un ciclo anual con balance positivo y experiencia consolidada.
A quién le pega: a jóvenes que accedieron a entrenamiento físico sistemático y espacio de integración.
Qué mirar ahora: si la propuesta tendrá continuidad y ampliación de cupos.
2 de marzo de 2026.
El Centro de Día (CEDI) cerró el Taller de Entrenamiento Deportivo para adolescentes que se desarrolló durante todo 2025, con la participación activa de más de 25 jóvenes y una planificación estructurada que combinó entrenamiento físico y espacios recreativos.
La propuesta se organizó tres veces por semana —martes, miércoles y jueves de 17 a 18.30— con horarios flexibles para facilitar la asistencia. El enfoque fue progresivo: primero se trabajó sobre la correcta ejecución de movimientos y la adaptación al entrenamiento, y luego se incorporaron ejercicios de mayor exigencia conforme avanzó el año.
El programa no se limitó a la actividad física. El entrenamiento fue planteado como una herramienta integral, orientada a mejorar capacidades básicas y, al mismo tiempo, fortalecer hábitos saludables y bienestar general. En paralelo, se promovieron dinámicas de trabajo en equipo, responsabilidad y construcción de vínculos.
Dado que la mayoría de los participantes practica fútbol, la planificación incorporó contenidos específicos de esa disciplina. Se trabajó técnica de carrera, potencia, fortalecimiento de core, ejercicios de fuerza, pliometría y rutinas de musculación adaptadas a la edad. La estructura de rutinas se renovó cada tres meses para sostener motivación y progresión.
Cada encuentro tuvo dos momentos diferenciados. Una primera parte estuvo dedicada al entrenamiento planificado y una segunda instancia se reservó para el componente recreativo. En el campo de fútbol se organizaron partidos, mientras que en la cancha de vóley se desarrollaron encuentros recreativos y prácticas de NewCom.
Esa combinación permitió sostener la asistencia a lo largo del año y consolidar un espacio estable para adolescentes en una etapa clave de desarrollo. La dinámica sistemática redujo la improvisación y reforzó la constancia como eje del proceso.
El balance institucional destaca mejoras físicas visibles en rendimiento, resistencia y técnica, pero también subraya la dimensión social del dispositivo. El taller funcionó como ámbito de pertenencia, con reglas claras y acompañamiento adulto, en un esquema que priorizó regularidad por sobre intensidad aislada.
En términos de política local, la experiencia confirma la centralidad de propuestas deportivas planificadas en dispositivos comunitarios. No se trató de una colonia estacional, sino de un ciclo anual sostenido, con evaluación progresiva y adaptación de cargas.
El cierre del taller no marca un final, sino un punto de consolidación. La continuidad y eventual ampliación del programa serán claves para evaluar si el CEDI logra convertir esta experiencia en política estable y replicable.


