Justicia bajo sospecha: tras la caída de Bailaque, crece la presión sobre el juez Gastón Salmain

El sistema judicial federal en Santa Fe se tambalea. La renuncia del exjuez Marcelo Bailaque, acusado de favorecer a narcos y extorsionar empresarios, no cerró un ciclo: abrió otro. Uno en el que ahora todas las miradas apuntan al magistrado Gastón Salmain, subrogante del Juzgado Federal N.º 1 de Santa Fe, quien enfrenta un cúmulo de denuncias y sospechas que activaron alarmas en los más altos niveles del Poder Judicial.

El punto de inflexión fue silencioso pero contundente. La Cámara Nacional Electoral lo apartó de su rol en la Justicia electoral provincial a pocas horas de haber asumido. En su lugar fue designado el juez Antonio Cuello Murúa, una decisión que, según fuentes judiciales, se tomó por impulso directo del presidente de la Corte Suprema de Justicia, Horacio Rosatti, para evitar un nuevo escenario de desprestigio institucional.

Una historia que se repite, pero más rápido
El nombre de Salmain comenzó a circular con fuerza en Rosario desde 2023. Su pliego había ingresado en tiempos de Mauricio Macri, pero fue finalmente designado bajo la gestión de Alberto Fernández. En su legajo, sin embargo, había un dato que pasó desapercibido —o fue ignorado deliberadamente—: veinte años atrás, había sido cesanteado del Poder Judicial de la Nación por intento de coima.

El hecho es tan concreto como grave. Según consta en registros internos, Salmain habría intentado sobornar a una secretaria judicial para direccionar expedientes hacia su juzgado. Nunca declaró ese antecedente. Mintió en sus antecedentes laborales. Y eso, hoy, está siendo investigado por el Consejo de la Magistratura, que activó un expediente con intervención de los consejeros César Grau y Luis Juez.

Vínculos, celulares y causas sensibles
Las sospechas no terminan ahí. Salmain fue recusado por todos los fiscales en una causa que involucra a Carlos Vaudagna (exAFIP) y al financista Fernando Whpei, quienes habrían participado en maniobras de extorsión junto al propio Bailaque contra el empresario Claudio Iglesias. En la pericia del celular de Vaudagna se detectaron conversaciones con Salmain, incluso antes de que fuera nombrado juez. Según los fiscales, existía entre ellos una relación que excedía lo profesional.

Fue la Cámara Federal de Rosario la que lo apartó formalmente de esas causas, pero el daño a la credibilidad ya estaba hecho. En un sistema que intenta consolidar el nuevo modelo acusatorio, la figura de Salmain empezó a generar ruido donde más se necesita certidumbre.

Entre Rosario, Santa Fe y Buenos Aires
El paso de Salmain por Rosario ya había sido objeto de comentarios en voz baja. Sus vínculos con exagentes de inteligencia y operadores judiciales levantaron sospechas desde el inicio. Ahora, con su reciente exclusión de la justicia electoral santafesina, su rol como subrogante del juzgado federal de Santa Fe también está bajo revisión.

Ese juzgado, que había quedado vacante tras la salida de Reynaldo Rodríguez —otro juez que renunció antes de ser juzgado, aunque por malos tratos y no por corrupción—, era clave para los próximos comicios y para investigaciones federales de alto impacto.

Rosatti, el equilibrio y la advertencia
La decisión de Rosatti de intervenir directamente fue interpretada por varios actores como un mensaje político hacia dentro del Poder Judicial: no se tolerará otro caso Bailaque. Si bien la Corte no puede remover jueces, su peso específico —y su ascendencia sobre la Cámara Electoral— fue determinante para que Salmain quedara desplazado.

En paralelo, el juzgado federal N.º 4 de Rosario —donde estaba Bailaque— comenzó a ser subrogado por Carlos Vera Barros, actual titular del N.º 3. Él deberá revisar viejas causas, muchas de las cuales estuvieron inexplicablemente detenidas durante más de una década. Una de ellas: el robo de 400 fusiles del Batallón N.º 603 de Fray Luis Beltrán, un expediente que ahora avanza después de 14 años de letargo judicial.

La justicia, en el centro del tablero
Lo que ocurre en la justicia federal de Santa Fe no es un caso aislado. Es el síntoma de un sistema que durante años miró para otro lado. Pero también, de una voluntad política —tardía pero clara— de intentar corregir el rumbo. Si Salmain logra resistir la presión institucional o si termina por convertirse en otro capítulo más de una larga lista de jueces cuestionados, es algo que se definirá pronto.

Por ahora, la justicia federal cruje. Y la sociedad, con razón, empieza a mirar con lupa.

 

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