Reflexiones en torno al quehacer docente

Calles vacías. Escuelas silenciadas. Niños, jóvenes y adultos abandonaron el uniforme y se trasladaron a otros escenarios. El universo en materia de cartera educativa se vio trastocado. Un virus interrumpió la linealidad del ciclo lectivo y tanto docentes y alumnos están atravesados por una pandemia que tuvo una fecha de inicio y no se sabe cuándo cesará.

Hay cuerpos retenidos y tiempos suspendidos siguiendo el slogan “quédate en casa”. Sin embargo, frente a esto, se piensa en que la escuela no es la primera vez que se reinventa ante algún factor contextual. A propósito de esto, Inés Cristina Rosbaco en su libro: El desnutrido escolar, ha llamado alguna vez que: “no obstante, la escuela puede”.

Entonces, los interrogantes interpelan al quehacer docente: ¿cómo puede la escuela? Con otra escenografía. Los actores juegan a ser otros. Hay otros roles. La verticalidad propia de la escuela tradicional se ficcionaliza. Se abandonó el pizarrón, la pizarra magnética, las tizas y los fibrones para aprender de otra manera.

Infinidad de aplicaciones llenaron los espacios de los celulares. Se dejaron atrás las selfies y ahora las fotos corresponden a una recepción: de lo que se hace y lo que no.

A pesar de todo esto, de lo que nos brinda las herramientas tecnológicas, hay quehaceres que se siguen repitiendo porque las diferencias y las brechas en torno a la conectividad no han cambiado. Pensemos en las comunidades rurales y en las zonas suburbanas en las que wifi ha pasado sin pena ni gloria. En estos casos, maestros, profesores y estudiantes apelan al soporte papel o alguna escasa actividad para realizar en familia por la baja conectividad.

En estos viejos y nuevos quehaceres, no debemos dejar de nombrar la palabra transmisión. Un interrogante nuevamente interpela: ¿existe transmisión?

En estas fases de coronavirus que nos ha tocado vivir está la “no” presencia de los cuerpos. Si bien, hay una imagen, no somos robots; no prescindimos del tacto y del olfato, por eso, surge una nueva pregunta: ¿había transferencia desde la presencialidad?

Las respuestas pueden ser infinitas a favor o en contra. En este quehacer docente y en el pasado quehacer, hay trasmisión cuando las ignorancias y los saberes son compartidos; cuando existe “amor” en lo que se hace; cuando las inquietudes son vistas desde la singularidad. Es por esto, que, frente a esta pandemia, no debemos sobrecargar a los estudiantes siguiendo tal cual lo planificado según un año académico.

Nosotros – los docentes – no debemos olvidar que este nuevo rol (de la no presencia) vino para atenuar las desigualdades que ya estaban debido a la poca o nula conectividad de algunos sectores.

Como educadores, debemos acompañar; que no se siga con el divorcio entre la escuela y la familia. Hay sectores y poblaciones en riesgo, es así que se vuelve a insistir en que no sobrecarguemos a los alumnos con propuestas sin sentido.

Entonces, para ir finalizando: ¿qué enseñamos en este quehacer?

Aquello que sea valioso y significativo, no sólo lo curricular; aquello que se pueda realizar desde lo colectivo, en conjunto, con los integrantes familiares.

Prof. Marcelo Ferrero.

Director de la Escuela N° 6130 del Paraje Rural de Campo Quiñones – Sta. Clara de B. Vista.

Prof. de Lengua y Literatura de la E.E.S.O.P.I. N° 8161: “Mariano Moreno” – Santa Clara de B. Vista.

Prof. Ateneísta del Profesorado de Educación Primaria del I. S. P. I. N° 4031: “Fray Luis de Paula Castañeda” – Santa Fe.

 

 

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