SANTA FE — La mañana del martes volvió a mostrar la cara que nadie quiere ver. En una vivienda de barrio Escalante, una mujer fue reducida, arrastrada, golpeada y atada por un hombre que ingresó tras una falsa compradora. Fue un robo violento, pero también una escena que activa alarmas más profundas: las que laten cuando lo que se pierde no es una cartera, sino la idea de sentirse a salvo.
Pocas horas después, el intendente Juan Pablo Poletti enfrentó el tema con un tono que ya empieza a consolidarse como su marca: sobrio, directo, sin estridencias. “Nos estamos ocupando”, dijo. Y fue más allá: reafirmó que la baja en las estadísticas delictivas existe, pero que no alcanza. “Cada vez que ocurre un hecho así, todo se pone en discusión”, sostuvo.
Seguridad como frontera política
En Santa Fe, la seguridad ya no es solo una preocupación ciudadana. Es también un campo de disputa política, donde cada robo tensiona el margen de confianza que tiene el Estado. Poletti lo sabe. Por eso buscó blindar su discurso con acciones concretas: anillo digital, estación de monitoreo conjunto, patrullajes mixtos entre la GSI y la policía, motos nuevas, camionetas por venir.
Lo anunció en presente. Como si la urgencia le impusiera ese tiempo verbal.
El intendente también se apoyó en el programa provincial Potenciar, que le permite al municipio sumar equipamiento. De ese modo, repartió el peso de la responsabilidad con la administración de Maximiliano Pullaro, con quien mantiene una alianza estratégica, aunque no exenta de tensiones silenciosas.
¿Alcanza con más cámaras?
La intención de licitar este semestre un nuevo sistema de cámaras de seguridad llega con una pregunta que resuena entre los vecinos: ¿ver más permite vivir mejor?
La respuesta no es obvia. El miedo no desaparece con infraestructura. Pero sí puede mutar si se consolida una presencia estatal que no solo reaccione, sino que prevenga. Poletti apuesta a eso. A estar. A anticiparse. A cuidar, aunque el verbo todavía cargue con demasiadas deudas.
En el barrio Escalante, la mujer atacada logró liberarse y pedir ayuda. Fue un acto de coraje. Uno más de los tantos que los vecinos hacen cada día para seguir viviendo, aun cuando la ciudad les devuelva imágenes que no eligieron.

