El Museo Interactivo del Trigo al Pan cumplió una década de vida en el pueblo. Se trata de un espacio cultural que permite conocer e incursionar los secretos de una materia prima que fue vital para el desarrollo de muchas localidades del centro del país, incluido Matilde: el trigo, su molienda y todo el proceso que da lugar al pan.
Hace exactamente 10 años, en Matilde se abrían las puertas de una institución cultural interactiva que refleja los procesos evolutivos económicos de todo un país, los que claramente se replicaron e impactaron de manera directa en este pueblo del departamento Las Colonias.
Lo decimos porque el denominado Museo Interactivo del Trigo al Pan muestra todo esto: la siembra y cosecha de trigo, la labor de los molinos harineros que dieron trabajo a cientos de personas por tantísimos años y el paso del ferrocarril, medio de comunicación central para trasladar las producciones generadas. Incluso este último sistema de interconexión y toda su historia a nivel local y nacional se puede apreciar en otro de los museos existentes en esta localidad, el de las Comunicaciones.
Pero ahora es momento de hablar de la primera entidad mencionada, la que este último viernes 30 de junio cumplió una década de vida. Se trata de un lugar muy especial que cada año suma más visitantes a su nutrido recorrido, en el cual el propio vecino se vuelve parte del mismo. Así lo aseguró Susana Gayozo, coordinadora general del museo y quien usualmente atiende cada detalle de todo lo que ocurre allí.
“Siempre nos encanta decir que Matilde es como una Argentina en miniatura, y en este museo podemos ratificar esta definición”, aseguró. El Museo Histórico e Interactivo del Trigo al Pan se sitúa en Estación Matilde (uno de los dos núcleos poblacionales del distrito Matilde) y se llega a sus instalaciones, luego de cruzar el paso a nivel del frondoso eucaliptal que hay en el sector, donde hasta hoy se encuentra la vieja estación del ferrocarril. Su ingreso principal está ubicado sobre calle Italia, aunque también se puede acceder por bulevar San Martín.
Manos a la masa
“Este museo es único en su género en toda Latinoamérica, y se puede conocer a través de las visitas guiadas que se ofrecen para los contingentes de turistas, sobre todo los chicos de las distintas escuelas de la zona, donde ellos mismos se convierten en protagonistas”, manifestó Susana, quien en todo momento dejó de manifiesto el amor y compromiso que tiene por esta institución. “Anteriormente en este antiguo edificio funcionaba una cooperativa agropecuaria, pero con el tiempo lo fuimos readecuando y adaptando para cumplir la función que hoy tiene”, aclaró.
“En esta entidad se observa el estudio productivo del grano del trigo, y por eso nos visitan tantas escuelas, porque conocen sus componentes, todo el proceso desde que se saca de la planta hasta que se convierte en pan”, explicó luego. “Vamos desde la siembra -que por cierto tenemos plantas de trigo en el patio-, la extracción, vemos las máquinas utilizadas para la molienda e incluso las utilizamos para que aprecien cómo se hacía esta tarea hace muchos años; incluso observamos sus diversas etapas, desde que sale el salvado, la sémola y hasta llegar a la harina”, detalló Gayozo.
“Terminado esto, nos vamos a la parte panaderil, denominada “Desde el cereal al mostrador’, donde se desarrolla el recorrido llamado Manos a la masa”. Allí le mostramos a los visitantes toda la maquinaria y los insumos de la panadería, para luego pasar a hacer sus propios pancitos; tenemos una señora que hace una masa grande, después les da un bollito a cada chico, y ellos mismos terminan de hacer sus panes con el diseño que quieran. Finalmente, los cocinan en el horno de barro”, indicó.
“Por eso es lo de interactivo, puesto que la misma gente que viene observa, aprende y fabrica su propio pan”, remarcó. “En todo este proceso, tratamos de instruir a los chicos, les inculcamos lo sagrado que es el pan y todo lo que significa para la sociedad, una cuestión que creemos muy importante”, indicó Susana. Por su parte, los contingentes de adultos que periódicamente asisten al museo también realizan su propio pan. Incluso comen unas pizzas muy ricas que hace la mujer que usualmente arma la masa de todo este proceso. “La gente come a granel, porque estas pizzas son exquisitas; hasta nos animamos a decir que son únicas en la zona, realmente riquísimas”, afirmó para cerrar.
Por Luis Amsler



