Pullaro lleva a la Legislatura una reforma de seguridad que ampliaría el poder de fiscales y policías

En 10 segundos:
Qué pasó: el Ejecutivo envió a la Legislatura un paquete de once leyes de seguridad y una reforma de la Justicia penal.
Qué cambia desde hoy: el oficialismo busca ampliar facultades para fiscales, policías y áreas de inteligencia.
A quién le pega: al sistema judicial, al MPA, a la Policía, a la oposición y a las organizaciones criminales.
Qué mirar ahora: si Diputados introduce límites, cambios o controles antes de habilitar nuevas herramientas estatales.

Santa Fe, 18 de mayo de 2026.  El gobierno provincial decidió llevar su política de seguridad a una nueva frontera legal. Después de una primera etapa marcada por el endurecimiento carcelario, la presencia policial y la ofensiva contra el narcomenudeo, Maximiliano Pullaro envió a la Legislatura un paquete de once leyes que busca ampliar el margen de acción del Estado frente al delito.

La iniciativa tiene un eje claro: darle más capacidad operativa a fiscales, policías y dispositivos de inteligencia. El punto político está en cómo se reparte ese poder, bajo qué controles y con qué límites. La discusión legislativa, por eso, excederá el listado de medidas.

Entre los proyectos aparecen herramientas de alto impacto institucional: declaración informativa antes de la imputación, interrogatorio policial, juicio en rebeldía, uso de prueba obtenida bajo condiciones excepcionales, allanamientos automáticos ante la detección de armas, derribo de búnkers por orden fiscal y medidas coercitivas sin audiencia judicial cuando exista conformidad del imputado.

El paquete incorpora, además, un procedimiento por decreto penal para causas leves, un régimen agravado para presos que sigan ordenando delitos desde la cárcel, ampliación del sistema de recompensas, nuevas reglas para inteligencia digital y zonas de intervención policial especial en áreas con indicadores sostenidos de criminalidad.

La arquitectura de fondo muestra una decisión política: acelerar respuestas. El Ejecutivo considera que el delito organizado sigue contenido, aunque la amenaza persiste. Esa lectura sostiene el nuevo movimiento. Pullaro busca consolidar la seguridad como marca de gestión y convertir el debate legislativo en una validación institucional de su principal bandera de gobierno.

El problema para la Legislatura será menos simple. Varias medidas tocan zonas sensibles del sistema constitucional: defensa en juicio, privacidad, control judicial previo, validez de la prueba, facultades policiales y poder de los fiscales. El oficialismo tiene volumen político, pero el trámite empezará por Diputados, donde el debate suele abrir más matices.

Allí tendrá peso el socialismo, socio central dentro de Unidos, y también las oposiciones. Es probable que el paquete llegue con respaldo general a la necesidad de combatir el delito, pero con discusiones fuertes sobre los mecanismos. La seguridad concentra consenso social; las herramientas concretas pueden dividir al propio sistema político.

En paralelo, el Ejecutivo envió una reforma profunda de la Justicia penal. El proyecto apunta a unificar los colegios de jueces de las cinco circunscripciones para que los magistrados puedan actuar en toda la provincia, incluso de manera virtual. La base técnica surge de una propuesta de la Corte Suprema santafesina.

Ese cambio busca atacar un cuello de botella concreto: Rosario. Según el diagnóstico incluido en el debate, esa jurisdicción acumula cientos de juicios pendientes y una carga de trabajo muy superior a la de otras regiones. La reforma pretende distribuir audiencias entre jueces de toda la provincia y apoyarse en la expansión de herramientas digitales de gestión.

La medida puede modificar la cultura interna del Poder Judicial. Un juez con asiento en Reconquista, Rafaela, Santa Fe o Venado Tuerto podría intervenir en audiencias de Rosario. Esa movilidad apunta a equilibrar recursos, pero abrirá resistencias por volumen, complejidad y criterios de trabajo.

La discusión que se abre tiene dos capas. Una es política: Pullaro vuelve a ocupar el centro de la agenda con seguridad. La otra es institucional: Santa Fe deberá definir cuánto poder adicional está dispuesta a concentrar en fiscales, policías y estructuras de investigación para sostener resultados contra el delito.

Si el paquete avanza, la provincia entrará en una segunda etapa de su modelo de seguridad. La primera fue de choque. La que viene exigirá una prueba más difícil: mostrar eficacia sin romper los equilibrios que después deberá defender ante jueces, legisladores y ciudadanos.

 

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