Un paquete explosivo en barrio Abasto activó un operativo de cuatro horas y abrió una investigación sin móvil claro

En 10 segundos:
Qué pasó: una encomienda con material sospechoso fue detectada en una clínica de barrio Abasto
Qué cambia desde hoy: la causa pasa a depender de peritajes químicos y rastreo del origen del envío
A quién le pega: a pacientes, trabajadores de la institución, vecinos del macrocentro y equipos de seguridad
Qué mirar ahora: si la Fiscalía logra identificar remitente, composición del material y posible destinatario real

Rosario, 7 de mayo de 2026. Una caja en un pasillo bastó para alterar durante horas la rutina de barrio Abasto. El paquete había llegado como una encomienda común a una clínica de neurorrehabilitación ubicada en Paraguay al 2000, aunque su forma, su envoltorio y la reacción del equipo especializado activaron un operativo de máxima precaución.

La intervención empezó con un llamado al 911 y escaló cuando la Brigada de Explosivos trabajó sobre el lugar junto a la sección Caninos. La perra rastreadora Campari marcó dos veces el objeto, una señal que llevó a los especialistas a tratar el bulto como potencialmente peligroso.

La decisión fue realizar una detonación controlada en la vía pública. El procedimiento permitió neutralizar el paquete sin manipulación directa y preservar restos del material para que la Fiscalía avance con las pericias. Las autoridades informaron que el operativo terminó sin heridos y sin daños relevantes en el edificio.

El dato más sensible está en el destinatario. La encomienda estaba dirigida a una persona vinculada con la clínica y con otra institución reconocida de Rosario. Esa doble pertenencia abre una línea de investigación que todavía carece de hipótesis firme.

El operativo también mostró el impacto urbano inmediato de este tipo de episodios. La zona de Paraguay e Ituzaingó quedó cortada, familiares de pacientes aguardaron en la vereda opuesta y la actividad del centro de salud quedó atravesada por una amenaza que, por ahora, no tiene explicación pública.

Rosario convive desde hace años con amenazas, balaceras y mensajes violentos contra instituciones, comercios y personas. Este caso agrega una modalidad menos habitual: un envío cerrado, dirigido y detectado dentro de una institución sanitaria.

La causa queda ahora en una etapa técnica. La composición del material, el recorrido de la encomienda y la identidad de quien la envió serán los puntos que definan si el episodio fue una amenaza dirigida, un intento de intimidación o una maniobra con otra lógica todavía invisible para los investigadores.

 

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