Juan Percowicz, a quien sus seguidores decían “Maestro”, volverá a ver la luz después de 18 días. Todo ese tiempo estuvo preso en la Alcaidía de la Superintendencia de Investigaciones de la Policía Federal, en el barrio porteño de Villa Riachuelo, acusado de ser el líder de una presunta secta criminal que, bajo la fachada de “cursos de filosofía para buscar el bienestar y la felicidad”, usaba las instalaciones de la Escuela de Yoga de Buenos Aires para captar bajo coerción a personas a las que, además de desapoderarlas de sus bienes y alejarlas de sus afectos, las usaban como instrumento para acumular dinero y poder, a veces, instándolas a entregarse sexualmente a empresarios y políticos poderosos.
El juez federal porteño Ariel Lijo hizo lugar a un pedido de la defensa y le otorgó a Percowicz, de 84 años y con problemas de movilidad –usa alternativamente silla de ruedas y bastón para desplazarse–, la prisión domiciliaria monitoreada a través de una tobillera electrónica. Apenas concluyan los trámites pertinentes, dejará las celdas de la Alcaidía de la calle Madariaga 6976, a un puñado de cuadras del Autódromo de la Ciudad. Fijó domicilio, mientras dure el proceso, en su departamento de la calle Amenábar al 1500, en Belgrano, y no en la casa del lote 4 del country Santa Clara, de Tigre, donde fue detenido el 12 de agosto.

