Paro CGT: Santa Fe amanece sin colectivos, sin recolección y con el municipio cerrado

En 10 segundos:
Qué pasa: paro general de 24 horas convocado por la CGT.
Qué se corta: atención municipal, recolección de residuos, colectivos, Las Bicis y SEOM.
Qué sigue: guardias mínimas en servicios esenciales; Mercado Norte abre en su horario habitual.
Qué conviene: reprogramar traslados y no sacar basura.

Santa Fe, 19 de febrero de 2026.

En Santa Fe, el paro general se siente menos por lo que se ve que por lo que falta. El jueves arranca sin colectivos, sin ventanillas municipales y sin el ruido habitual de los camiones de basura. Para miles de vecinos, la ciudad se vuelve más chica y más cara: moverse implica resolver por cuenta propia lo que, en un día común, hace el sistema.

La medida de fuerza de la CGT coincide con el debate de la reforma laboral en la Cámara de Diputados y se extiende durante 24 horas. En la capital provincial, la adhesión de ASOEM y de los gremios del transporte empuja el impacto a la vida diaria: trámites, limpieza urbana y movilidad quedan recortados al mínimo.

La Municipalidad informó que el Palacio Municipal no atenderá al público durante toda la jornada. La misma decisión alcanza a los EcoPuntos, al Instituto Municipal de Salud Animal (IMUSA) y al Tribunal de Faltas. En el Cementerio Municipal habrá guardias mínimas, con atención acotada entre las 7 y las 12, para responder a situaciones urgentes.

ASOEM, por su parte, comunicó que la adhesión se realizará sin asistencia a los lugares de trabajo y que se sostendrán guardias mínimas en los servicios esenciales. Esa frase, que suele pasar inadvertida en los comunicados, explica la foto real del día: el Estado municipal no desaparece, se achica. Se concentra en lo indispensable y posterga todo lo demás.

El parate administrativo tiene un costo silencioso. Un turno perdido en Tribunal de Faltas no es una discusión abstracta: es una licencia que no se retira, un plan de pago que no se firma, una notificación que queda en pausa. En IMUSA, la interrupción se traduce en castraciones o controles que deberán reprogramarse. En EcoPuntos, el cierre corta un circuito de descarte que muchos vecinos ya habían incorporado como hábito semanal.

El primer efecto visible aparece en la basura. Sin recolección domiciliaria, la consigna oficial es simple: no sacar residuos a la vía pública. No es un gesto menor. En un día de calor, una bolsa en la vereda dura poco antes de romperse, atraer animales y multiplicar olor. En barrios con alta circulación, el problema escala rápido y deja una huella que no se borra cuando termina el paro: se traslada al día siguiente, a la esquina siguiente, a la cuadra siguiente.

El segundo golpe es la movilidad. El transporte público de pasajeros por colectivos no circulará, y eso redefine horarios, turnos médicos, compras y trabajo. A esa pausa se suman dos herramientas municipales que, en los últimos años, se volvieron parte del paisaje: el sistema de bicicletas públicas “Las Bicis” y el SEOM, que no estarán operativos. Quien dependa del colectivo tendrá que reprogramar o buscar alternativas privadas, con la incertidumbre de la oferta real y el costo de último momento.

En ese marco, el paro no se reparte parejo. Para quienes trabajan cerca de su casa, el impacto es menor. Para quienes cruzan la ciudad, es un día de pérdida directa: tiempo, dinero y, en muchos casos, presentismo. El comercio queda atravesado por esa misma ecuación. La adhesión gremial existe, pero el funcionamiento de los grandes centros dependerá de la posibilidad concreta de que el personal llegue. En Santa Fe, la discusión laboral baja a una escena concreta: si no hay cómo llegar, no hay caja que abra.

Hay, sin embargo, excepciones que funcionan como brújula para el vecino. El Mercado Norte, en Santiago del Estero 3166, anunció apertura en su horario habitual: de 9 a 13 y de 17 a 21. Esa continuidad importa, porque en días de paro el abastecimiento de cercanía suele ganar relevancia y porque el mercado actúa como punto de encuentro cuando otras rutinas se cortan.

El sistema financiero se mueve por carriles propios. No habrá atención presencial en bancos públicos ni privados, pero seguirá activo el home banking. En la práctica, eso significa que transferencias, pagos y consultas dependerán de la conectividad y de que cada usuario tenga sus claves resueltas. Para jubilados y usuarios que hacen trámites en mostrador, el día puede convertirse en un laberinto.

En salud, la foto es la de los días especiales: guardias y urgencias funcionan, el resto se reprograma. Dirigentes sindicales del sector adelantaron adhesión y remarcaron que las prestaciones esenciales se autorregulan para sostener lo crítico. La traducción para el vecino es clara: si es urgente, se atiende; si es control, espera.

Detrás de esta lista de servicios que paran o siguen hay una señal política que vale más que el inventario. La protesta nacional se vuelve creíble cuando afecta lo cotidiano, y el Gobierno nacional la mide por la misma vara: cuánto ruido hace en la calle y cuánta tolerancia social consigue. En Santa Fe, el paro toca tres fibras sensibles a la vez: el traslado al trabajo, la limpieza del espacio público y la relación con el Estado municipal en su mostrador más básico.

Cuando el jueves termine, la ciudad no vuelve automáticamente a la normalidad. Queda el reacomodo: residuos acumulados, turnos perdidos, trámites demorados, comercios que abren a medias. Por eso, más que una guía, el día deja una recomendación: planificar con un margen extra y chequear la información oficial antes de salir. En jornadas así, lo que falla no es el sistema; es la suposición de que siempre está. El paro dura un día; las demoras que deja suelen estirarse varios días, en cadena, después.

 

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