En 10 segundos:
Qué pasó: un remisero fue herido de un disparo en el cuello en la zona oeste de Rosario.
Qué cambia desde hoy: la investigación busca determinar si el viaje fue usado como señuelo para robarle.
A quién le pega: a trabajadores del volante, usuarios del servicio y vecinos de una zona de alta circulación.
Qué mirar ahora: la evolución médica de la víctima y la identificación de los agresores.
Rosario, 4 de junio de 2026. La señal de alarma llegó desde la calle: detonaciones, un auto detenido y un remisero herido en una zona donde a esa hora todavía hay movimiento comercial, tránsito y vecinos circulando.
El ataque ocurrió este miércoles por la tarde, cerca de las 18.20, en inmediaciones de avenida Pellegrini y Brasil, en la zona oeste de Rosario. La víctima, identificada como Claudio P., circulaba junto a su hermana cuando recibió al menos un disparo en la zona del cuello.
Según relató su familia, el chofer había sido citado para realizar un viaje y habría sido atacado durante un intento de robo. Esa hipótesis quedó bajo investigación, pero marca el punto más sensible del caso: la posibilidad de que una herramienta cotidiana de trabajo haya sido usada para exponerlo.
La urgencia se resolvió antes de que llegara una ambulancia. Una vecina lo trasladó en moto hasta el Policlínico San Martín, una escena que muestra la precariedad del primer auxilio cuando la violencia irrumpe en plena vía pública y cada minuto pesa sobre el estado de la víctima.
La Policía llegó al lugar tras reiterados llamados al 911. Los investigadores trabajan para reconstruir la mecánica del ataque, establecer desde dónde se efectuó el disparo y determinar si hubo más personas involucradas en la secuencia.
El caso vuelve a poner bajo presión a remiseros, taxistas y choferes que trabajan con pedidos, traslados y recorridos donde la exposición cambia de una cuadra a otra. En Rosario, esa rutina carga un riesgo adicional: la incertidumbre de salir a trabajar y quedar atrapado en una escena armada por otros.
Ahora la causa se mueve en dos planos. Uno médico, por la gravedad del disparo. Otro judicial, por la necesidad de precisar si hubo intento de asalto, quién citó al remisero y qué recorrido tuvo la agresión. Entre ambos queda una imagen difícil de absorber: un trabajador baleado en plena tarde y una vecina haciendo el traslado que la emergencia todavía no había alcanzado a cubrir.


