En 10 segundos:
Qué pasó: la interna libertaria volvió a quedar expuesta por la pelea entre Caputo y Menem.
Qué cambia desde hoy: el Gobierno enfrenta más dificultades para reunir apoyos legislativos.
A quién le pega: a Milei, a Karina Milei, al armado libertario y a la estrategia 2027.
Qué mirar ahora: si el oficialismo logra recomponer acuerdos con el PRO y los gobernadores.
Buenos Aires, 21 de mayo de 2026. El problema de Javier Milei ya no está concentrado en la economía. Esta semana, el Presidente volvió a quedar arrastrado por la política que suele despreciar: internas, votos, alianzas, candidaturas y reparto de poder.
La pelea digital entre Santiago Caputo y Martín Menem dejó al descubierto una tensión que atraviesa al Gobierno desde adentro. De un lado, el asesor presidencial y su universo de militancia tuitera. Del otro, el sector ligado a Karina Milei, con los Menem como brazo territorial y legislativo. En el medio, Milei intenta conservar el equilibrio sin romper con ninguno de los dos mundos.
El episodio estalló en redes, el territorio donde el oficialismo suele sentirse cómodo. Esta vez, ese mismo espacio expuso una fractura incómoda: cuentas anónimas, acusaciones cruzadas, sospechas internas y una discusión pública sobre poder dentro del dispositivo libertario.
Milei buscó bajar la tensión con gestos hacia ambos lados. Esa salida le permite ganar tiempo, aunque deja intacta la disputa principal: quién define la estrategia política del Gobierno en la etapa que empieza a mirar hacia 2027.
La diferencia de fondo aparece en el método. El sector más ligado a Karina Milei empuja una expansión territorial de La Libertad Avanza, con candidatos propios en las provincias. El universo de Caputo mira con mayor pragmatismo los acuerdos con gobernadores y aliados de centroderecha para proteger el objetivo presidencial.
Esa tensión ya golpea en el Congreso. El Gobierno necesita apoyos para avanzar con la reforma política que busca eliminar las PASO, pero el PRO y varios gobernadores detectan pocos incentivos para acompañar una ingeniería electoral que puede perjudicarlos en sus distritos. Para muchos mandatarios provinciales, una LLA compitiendo fuerte en sus territorios dividiría el voto de centroderecha y favorecería al peronismo.
Ahí aparece el límite del poder libertario. Milei conserva centralidad, agenda y capacidad de presión, pero la aritmética legislativa exige algo distinto: confianza, negociación y garantías. El oficialismo quiere reglas electorales más favorables, aunque sus aliados potenciales piden saber qué lugar ocuparán en el mapa que viene.
El PRO funciona como actor decisivo en esa discusión. Mauricio Macri vuelve a aparecer como una amenaza latente para el plan reeleccionista de Milei, mientras el macrismo deja circular la posibilidad de jugar en 2027 si el Gobierno insiste en disputar la Ciudad y otros territorios sin una política de seducción real.
La situación se vuelve más áspera porque la economía tampoco ofrece margen infinito. Luis Caputo ya marcó un límite político y fiscal al señalar que sostener el superávit vía ajuste se volvió muy difícil. Ese dato importa: si el ajuste empieza a rendir menos como herramienta económica, el Gobierno necesitará más política para sostener gobernabilidad.
La interna libertaria, entonces, llega en un momento sensible. Con las PASO trabadas, el PRO inquieto, los gobernadores mirando sus propios distritos y el gabinete tensionado por casos como la declaración jurada de Manuel Adorni, Milei enfrenta una fase menos lineal de su gobierno.
El 25 de mayo volverán a cruzarse en Casa Rosada varios de los protagonistas de esta trama. La foto puede mostrar unidad formal. La disputa real seguirá debajo: cómo se reparte el poder, quién diseña la estrategia electoral y cuánta política está dispuesto a hacer Milei para conservar el control del proyecto.


