Santacroce pidió licencia para ir al Mundial: “Lo necesito, trabajo mucho”

En 10 segundos:
Qué pasó: Roly Santacroce pidió licencia como intendente de Funes para viajar al Mundial
Qué cambia desde hoy: el Ejecutivo local quedará temporalmente a cargo del presidente del Concejo
A quién le pega: a la gestión municipal, al oficialismo local y a una ciudad con alta exposición pública
Qué mirar ahora: cómo se administra la licencia y qué lectura política deja la ausencia del intendente

Funes, 28 de mayo de 2026. La licencia de un intendente suele ser un trámite administrativo. En Funes, esta vez quedó cargada de otro sentido: Roly Santacroce pidió autorización para viajar al Mundial de Estados Unidos con su grupo de amigos y el Concejo Deliberante aprobó su salida.

El jefe municipal estará fuera de la ciudad durante 17 días, según explicó públicamente. Su plan es acompañar a la Selección Argentina en la primera ronda, una rutina personal que, según contó, mantiene desde hace varios mundiales.

La decisión tiene una forma institucional clara. Santacroce pidió licencia, el Concejo la autorizó y el presidente del cuerpo, Carlos Olmedo, quedará a cargo del Ejecutivo durante su ausencia. El punto sensible está en la lectura pública: un intendente en funciones deja temporalmente la gestión para cumplir un viaje personal en medio de un año cargado de demandas locales.

Santacroce defendió la decisión con una frase que terminó instalando el tono de la noticia: dijo que lo necesita porque trabaja mucho y que no tuvo vacaciones. En términos humanos, el argumento puede encontrar comprensión. En términos políticos, abre una discusión menos cómoda sobre prioridades, exposición y responsabilidad pública.

Funes no es una ciudad menor en la conversación santafesina. Tiene crecimiento urbano acelerado, presión sobre servicios, alta visibilidad por la presencia de figuras como Lionel Messi y Ángel Di María, y una gestión que suele moverse entre obra pública, expansión residencial y conflictos propios de una ciudad que creció más rápido que su infraestructura.

En ese contexto, la licencia mundialista no queda encerrada en el viaje. Funciona como una escena política: muestra a un intendente con capital propio, con margen para tomar una decisión personal visible y con un Concejo que la avala dentro de los procedimientos previstos.

El costo, si aparece, será de percepción. La gestión queda formalmente cubierta. La pregunta que queda en la ciudad es si una ausencia elegida para ir al Mundial se procesa como derecho personal o como gesto fuera de escala frente a las urgencias cotidianas.

 

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