«Si no tenés amor aunque seas Sacerdote o Papa no sos cristiano»
Nicolás Carrel consagrado sacerdote por el Arzobispo José María Arancedo en la Basílica de Guadalupe presidió su primera misa en nuestra ciudad el sábado por la noche.
Fue en la Capilla María Madre de la Iglesia en el barrio del Arco de la Colonización, en el ingreso Este a Esperanza, y a la vera de ruta provincial Nº 70.
El hermoso templo fue absolutamente desbordado y muchos feligreses debieron participar de la misa mediante amplificadores de sonidos colocados en el exterior de la Capilla.
La presencia de sus padres y sus dos hermanas resultó un hecho emotivo, tanto que al nombrarlos durante su homilía, Nicolás se quebró y debió hacer unos segundos de pausa ante la emoción de todos los presentes.
También no dejó de alabar a su abuela, que le confeccionó su Casulla, la cual tiene bordado un Cristo crucificado florecido, tal fue su deseo explicando que «nosotros vemos al Cristo crucificado para tener siempre presente el amor absoluto de Dios por nosotros, pero sabemos que ese amor ha florecido con la resurrección y creemos en ella» afirmó el sacerdote esperancino.
El mismo estuvo acompañado por los tres padres, dos santafesinos y uno de Santo Tomé que fueron ordenados en la misma ceremonia de la Basílica.
Fue muy emocionante ver al hijo sacerdote bendecir con agua que él mismo había bendecido, a sus padres y hermanas.
En su homilía, el Padre Nicolás llamó a la indisolubilidad del matrimonio -tal como lo sostuviera el Santo Padre Francisco en la misma jornada en Roma- y llamó a «ser más fuertes en los vínculos matrimoniales que con sentimientos que a veces se debilitan, incluidos los de los sacerdotes. Hay que ser fuertes en las tormentas que son parte de la vida» aconsejó el Presbítero.
Gran parte de su homilía referida al matrimonio y al sacerdocio resaltó el valor de la vida pero puso por sobre todo el amor.
En ese punto trajo a la memoria a uno de los Padres de la Iglesia, San Agustín al señalar al amor como valor máximo sagrado del cristianismo.
«Aunque seas Sacerdote o Papa, si no tenés amor no sos cristiano» subrayó el flamante Padre Nicolás para terminar pidiendo como Francisco que «recen por mí, recen por nosotros los sacerdotes para que sigamos fuertes en el mandato de Cristo».
Fue altamente significativa la presencia de la familia Schuck y la familia Grenón, entre los que se encuentran religiosas y religiosos que son familiares de Nicolás.
También hay que citar a los compañeros de secundaria egresados de la Escuela Técnica Nº 644 «Gregoria Matorras» y profesores de ese establecimiento educativo, resaltados por el sacerdote durante la misa.
En el coro y en el templo estaban quienes fueron sus compañeros de grupo juvenil eclesial misionero, sus catequistas y resaltaban con su presencia los sacerdotes de la Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús con sede en el Barrio Norte, quienes fueron sus maestros espirituales que lo acompañaron durante 10 años de formación.
Durante toda la Eucaristía el clima en el templo fue de alta emotividad, dado que es el primer sacerdote surgido de esa feligresía de la Capilla María Madre de la Iglesia. La sonrisa feliz y siempre presente, el enorme cariño que se leía en los ojos de todos los presentes, mostraba, sin dudas, el afecto que despierta el nuevo sacerdote en su comunidad.
Actualmente el Padre Nicolás sirve en una parroquia del Departamento San Martín donde también es muy apreciado por la comunidad católica y en general.
Mientras caía la noche a la vera de la ruta, con todo el parque poblado de automóviles y motos, las luces encendidas de la humilde y bella capilla, la gente cantando dentro y fuera del templo, cientos de sonrisas y unas cuantas lágrimas de emociones, el Padre Nicolás cerraba la Eucaristía con «hemos celebrado la misa, podemos ir en Paz» con la respuesta de «demos gracias a Dios» que es parte de la Misa.
La gente no se quiso ir y los abrazos y saludos afectuosos de los asistentes ocuparon un largo tiempo con el pedido presente del nuevo Sacerdote católico esperancino: «recen por nosotros, para poder seguir el camino de Cristo».



