La condena a “Puré” Cabrera cierra el capítulo judicial del secuestro que sacudió a Gálvez

En 10 segundos:
Qué pasó: condenaron a Jorge Osvaldo Cabrera, alias “Puré”, por el secuestro extorsivo de un joven de Gálvez
Qué cambia desde hoy: la causa suma sentencia sobre el cuarto involucrado en la maniobra
A quién le pega: a la estructura judicial del caso y a la lectura sobre los roles dentro de la banda
Qué mirar ahora: cómo queda fijada la diferencia entre ejecutar el secuestro y aportar a la extorsión

Santa Fe, 9 de mayo de 2026. La causa por el secuestro de Nicolás Pablo M. terminó de cerrar una pieza que había quedado abierta después del primer juicio: quién había puesto la voz para exigir el rescate.

El Tribunal Oral Federal de Santa Fe condenó a Jorge Osvaldo Cabrera, conocido como “Puré”, a cinco años de prisión como partícipe secundario del secuestro extorsivo ocurrido en abril de 2023 en Gálvez. La resolución llegó mediante un juicio abreviado y dejó asentado que su intervención existió, aunque con un peso distinto al de quienes planificaron, ejecutaron y sostuvieron el cautiverio.

La víctima, un joven con síndrome de Kabuki e insulinodependiente, fue interceptada en Gálvez, trasladada por la fuerza hasta una obra en construcción en Andino y liberada horas después en una zona rural entre Ricardone y Aldao. Durante ese tiempo, su familia recibió llamados desde el propio teléfono del joven para reclamar dinero a cambio de su liberación.

Ese fue el punto central de la condena. Para la Justicia federal, Cabrera realizó esas comunicaciones extorsivas. El tribunal sostuvo que su aporte fue relevante para la maniobra, aunque ubicado en una etapa posterior a la captura y sin dominio sobre el hecho completo.

Esa diferencia jurídica explica la pena. Mientras Martín Uriel Quevedo, Franco Lionel Quevedo y Jonatan David Oscar Petri ya habían recibido condenas de entre 11 y 13 años como responsables principales, Cabrera fue considerado un engranaje funcional de la extorsión, con intervención limitada a la negociación telefónica.

La prueba más sensible estuvo en la voz. Los investigadores compararon las llamadas realizadas a la familia con audios atribuidos a Cabrera y sumaron análisis de antenas, vínculos telefónicos y contactos previos con los otros condenados. El expediente reconstruyó una red de relaciones que lo ubicó cerca del grupo y del momento crítico de la negociación.

El fallo tiene una lectura más amplia. En causas de secuestro extorsivo, cada rol pesa de manera distinta: quien captura, quien custodia, quien traslada, quien negocia y quien sostiene la presión sobre la familia. En este caso, la Justicia entendió que Cabrera integró esa secuencia desde un lugar concreto, suficiente para condenarlo, insuficiente para igualarlo a los autores materiales.

El cierre judicial deja una marca difícil para Gálvez: un secuestro planificado sobre una víctima vulnerable, ejecutado por un grupo con vínculos previos y reconstruido a partir de detalles técnicos que terminaron ordenando responsabilidades.

 

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