Se cumplió el miércoles por la noche en el Museo de la Colonización Argentina, el esperado homenaje al ex gobernador nacido en Esperanza, Rodolfo B. Lehmann (1916 – 1920 ). Presidieron el acto el Vice gobernador de Santa Fe, el esperancino Carlos Fascendini y la Intendente de la ciudad Ana Meiners.
Participaron numerosos descendientes del homenajeado, destacándose la presencia del único hijo vivo Mariano Pablo Lehmann.
Se encontraban presentes también : La Secretaria de Cultura Municipal Adriana Robledo, la Secretaria de Acción Social Romina Toledo, el Presidente del Concejo Municipal Cristian Camissi, el Concejal Eduardo Kinen, la Directora del Museo Franca Biondi, miembros de «los amigos delMuseo», representantes de instituciones intermedias, amigos de la familia, invitados y público en general.
Pasadas las 20,30 se inició el Acto Homenaje al primer esperancino Gobernador de la Provincia, , coincidiendo la fecha el 02 de Noviembre con el aniversario de la fundación del periódico EL COLONO, por Don Rodolfo B. Lehmann en el año 1910.
La impecable conducción del encuentro a cargo del Locutor – Periodista Hugo Acquisto, quien dio lectura al Decreto Municipal declarando de Interés el Homenaje a Lehmann; una nota de igual tenor Minuta de Declaración del Concejo Municipal de Esperanza; el saludo especial de parte del Gobernador de la Provincia Miguel Lifschitz y una nota de salutación del Diputado Nacional Alejandro Grandineti.
Acto seguido tomó la palabra el doctor Guillermo Lehmann (nieto de Don Rodolfo), quién basó su alocución en el contexto histórico – político – social y hasta climático (1916 hubo una profunda sequía que afectó a Santa Fe y a toda su economía).
Desarrolló punto por punto las dificultades que hubo de sortear el gobierno de Rodolfo Lehmann, llevado siempre adelante con los principios republicanos de austeridad y honestidad.
Si bien Rodolfo Lehmann debió dejar antes el cargo, detalló que “primero hizo uso de su licencia ya en las postrimerías de 1919 y finalmente renunció a fines de ese año, cuando las elecciones siguientes eran en los comienzos de 1920, “prácticamente completó su mandato” dijo Guillermo Lehmann.
El acto continuó con la participación del periodista y nieto también de Don Rodolfo, Fernando Moerch Lehmann, quien presentó una secuencia de fotografías desde el año 1905 hasta 1936, y según el caso mostrando fotos de la actualidad a modo de comparación, principalmente de la Cabaña EL TIMBO.
En la presentación, se pudo ver el genio de Fernando Paillet, que retrató con su lente el casco original e histórico de lo que fue en 1905 la Estancia EL TIMBO, que años después derivó en Cabaña EL TIMBO, al incorporarse la cría de toros importados y caballos de raza, para cría y reproducción.
La secuencia de fotos mostró por ejemplo : 1910 la inauguración del Monumento a la Agricultura Nacional – 1914 el casamiento con Corina Leiva – y el proceso electoral que derivó en el triunfo de la fórmula de la U.C.R. DISIDENTE, Lehmann – Elizalde en los albores del año 1916.
Otro hecho histórico pudo verse a través de las fotos de los periódicos de la época, que retrataron su fallecimiento, ocurrido hace 80 años, un 1ro. de setiembre de 1936, ocurrido en la Cabaña El Timbó, posterior Capilla Ardiente instalada en el Salón Blanco de la Municipalidad de Esperanza y finalmente el sepelio en el cementerio municipal y sepultura en el Panteón Lehmann ya el 03 de setiembre de 1936.
A través de la publicaciones exhibidas, se pudo conocer que durante un año trabajó una COMISION DE HOMENAJE POSTUMO, que presidió Luis Tabernig, y que el 1ro. de setiembre de 1937 se llegó nuevamente al cementerio municipal para recordarlo a un año de su fallecimiento.
Durante ese acto fue colocada una placa de bronce tallada por el escultor santafesino Sergio Sergi, que ha decir de las publicaciones se superó a si mismo con todo lo conocido. Una frase en la placa lo resume al homenajeado “HOMENAJE DE LA UCR, COMITÉ DEPARTAMENTAL DE LAS COLONIAS, A SU FUNDADOR Y ESCLARECIDO JEFE”.
El cierre estuvo a cargo en la locución de Hugo Acquisto con las palabras pronunciadas por el poeta José Pedroni en oportunidad de hablar en nombre de la comunidad esperancina, para despedir los restos mortales de Don Rodolfo. (El texto completo se publica más adelante).
La Intendente Ana Meiners se mostró complacida por el recordatorio del primer esperancino gobernador, de las historias familiares contadas e instó a todos los ciudadanos a realizar actos de este tipo donde se destaquen los valores esperancinos y manifestó que las puertas del Museo están abiertas para todas las manifestaciones de esta índole.
También usó de la palabra el esperancino Vice gobernador de la provincia, Carlos Fascendini. Recordó la elección nacional con el voto directo y obligatorio que llevó a la presidencia a Hipólito Yrigoyen, en Santa Fe donde también hubo voto popular, no así en todas las provincias.
Se refirió también a las dificultades que debió enfrentar el gobierno de Lehmann, y resaltó que en momentos difíciles, siendo ´Don Rodolfo un hombre adinerado y con tierras, no dudó en ponerse del lado de quienes por aquellos tiempos luchaban por tener precios justos a la producción agropecuaria.
Ya en el final, se procedió a la firma de las actas de donación de cuadros históricos de Don Rodolfo B. Lehmann y un álbum centenario preparado por Fernando Paillet dedicado a la CABAÑA EL TIMBO y que ya forman parte del patrimonio histórico de la ciudad de Esperanza.
Discurso de José Pedroni en oportunidad del sepelio de Rodolfo Lehmann (03-09-1936) :
Señores: cumplida la visita, camino de la ciudad, volvíamos de su casa de campo en una de las ultimas sobretardes de Julio, y ambos, mi acompañante y yo, de común parleros y joviales, nos sentíamos vacíos de palabras e inmensamente solos en nuestros pensamientos. “Traigo en el alma la impresión de su serenidad” – dijo al fin mi amigo – a lo que agregue yo con imagen parecida a la del dulce poeta Bengalí: “estaba jugando al juego de la muerte”. Y en efecto, a la cara de aquel hombre – que es este, yacente – la muerte podía mirar orgullosa; la muerte, que estaba presente a su lado y que él se encargó de hacerla simpática a nuestros ojos jugando con ella como con una compañera, en la palabra cordial que nos dirigía, en el ademan desprevenido con que fumaba, en la atención afectuosa con que nos oía y en la misma sonrisa placida con que envolvía de vez en cuando al undécimo de sus hijos, que en la arena, cerca de nosotros, nos señalaba inocentemente la inferioridad del sol con respecto a su cabecita de oro.
No fue necesario que le oyéramos pronunciar “muerte mía” en los momentos en que su pensamiento se ausentaba, para que nosotros tuviéramos la confirmación del apoderamiento dichoso que él había hecho de la muerte en su corazón, comprendiéndola, amándola y dignificándola.
Ni una lágrima. Ni una protesta. Ni un mal recuerdo. Ni la más mínima señal de desaliento o de alteración de ánimo. Su alma ya había traspuesto el límite de la emoción humana, y todo él, empezándose a ir era una luminosa quietud.
Del espectáculo de aquella correspondencia intima entre hombre y muerte, más que de toda anécdota biográfica, sentó mi examen una conclusión irrebatible: me encontraba en presencia de un Justo; de uno que había vivido conforme a la Ley de la Conciencia, que se llama Dios; de uno que había tenido el habito no común de obrar bien que es el estado de perfección y por tanto de libertad que triunfa sobre la vida y nos conduce sin temor, con paso natural y resuelto al acto postrero de la separación del alma.
Rodolfo Lehmann era, pues, y esencialmente un justo. Su mejor historia, que es ya gloria de su nombre, orgullo de sus hijos y fama de su pueblo, es la de su bondad. Si ya es difícil para un mortal obrar con arreglo a la moralidad que manda, no hacer mal a nadie y retribuir en su justa medida el bien recibido para él era todavía fácil hacer el bien a costa de sí mismo aun en los que le hicieron mal, que es en lo que consiste la virtud. De la gracia de esta última están llenas las calles de su pueblo por las cuales él transito sin ruido desarmando al aplauso con la admirable llaneza de su genio y lleno del temor de que la gratitud le saliera al paso y lo avergonzara en su timidez con la revelación de la excelencia de sus sentimientos.
Generoso en grado sumo, nadie sabe lo que dieron sus manos. Tuvo el pudor de su largueza, pero en el premio que importa en el vellocino de sus muchos hijos, que nacieron con el cielo en los ojos y el oro del sol en el cabello, hago yo, y conmigo todo su pueblo, la estimación de sus buenas acciones y descubro, reproducida en belleza, la abundancia de su alma.
Tuvo, aparte del amor a sus semejantes otro gran amor: el de su tierra. Se sentía profundamente identificado con ella. La palabra Esperanza era un temblor en sus labios, y en su conversación corriente, “colonias” era la abreviatura cariñosa con que nombrara al departamento de sus afanes, así como para su pueblo fueron y serán “Don Rodolfo” las mejores palabras para conceptuar la bondad, el desinterés y la solidaridad humana.
Rodolfo Lehmann: Esperanza llena del hermoso ejemplo de tu vida, me manda a decirte: “¡Eh muerto contigo!” “¡Renazco por ti!”



