El mapa real del poder dentro del gobierno de Javier Milei se mueve en dos planos simultáneos. En público, el Presidente profundiza su estilo confrontativo y ahora dirige sus críticas hacia algunos de los empresarios más influyentes del país. Puertas adentro, en cambio, la figura que más terreno gana es la de su hermana y secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, cuya influencia en las decisiones estratégicas del Ejecutivo se vuelve cada vez más visible.
Las dos dinámicas se cruzaron en los últimos días durante la llamada Argentina Week en Nueva York, un evento pensado para seducir inversores internacionales. Allí, Milei sorprendió al dedicar parte de su intervención a cuestionar con dureza a dos nombres centrales de la industria local: Paolo Rocca y Javier Madanes Quintanilla. El Presidente los acusó de actuar como “corruptos y extorsionadores”, en una escena que generó desconcierto entre empresarios presentes que buscaban señales de estabilidad para decidir inversiones.
El contraste fue evidente. Mientras el Gobierno intentaba mostrar previsibilidad macroeconómica ante el capital extranjero, el jefe de Estado volvía a recurrir a un tono de confrontación directa con parte del establishment económico local.
Una economía que no termina de estabilizarse
El contexto no ayuda a moderar el clima político. La economía atraviesa semanas de incertidumbre alimentadas por factores externos: la volatilidad del precio internacional del petróleo, las expectativas sobre la política de tasas de interés en Estados Unidos y la expansión del conflicto en Medio Oriente. Cada uno de esos elementos incide sobre variables clave para la Argentina, desde el costo del financiamiento externo hasta la dinámica inflacionaria.
En el plano doméstico, los datos recientes del consumo tampoco aportan tranquilidad. Las ventas minoristas de pymes registraron una caída interanual cercana al 6 % en febrero, con descensos pronunciados en rubros como bazar, perfumería y alimentos. Al mismo tiempo, la inflación continúa orbitando alrededor del 3 % mensual, un nivel que, si bien es inferior al de comienzos de la gestión libertaria, empieza a generar presiones sindicales para reabrir negociaciones salariales.
Esa combinación —inflación moderada pero persistente y consumo debilitado— complica la narrativa oficial de recuperación rápida.
La consolidación silenciosa de Karina Milei
Mientras la agenda económica genera interrogantes, el poder político dentro del oficialismo muestra otra tendencia: la expansión del área de influencia de Karina Milei.
La secretaria general se consolidó desde el inicio del gobierno como la guardiana del acceso al Presidente. Pero en los últimos meses su rol se amplió más allá de esa función. En el Gobierno aseguran que interviene de manera directa en decisiones estratégicas vinculadas al armado político, la selección de funcionarios y la relación con actores judiciales.
Un episodio reciente ilustra ese proceso. La designación del dirigente judicial Juan Bautista Mahiques generó especulaciones sobre una supuesta interna con el asesor presidencial Santiago Caputo. Desde la Casa Rosada desmintieron que exista una ruptura, pero el movimiento evidenció que Karina Milei sigue acumulando espacios de decisión en áreas sensibles del gobierno.
La disputa interna se refleja incluso en el armado territorial. En la provincia de Buenos Aires, la secretaria general respalda al dirigente libertario Sebastián Pareja como principal armador político, mientras sectores cercanos a Caputo promueven otros nombres para la estrategia electoral futura.
Un freno que revela el nuevo equilibrio
El episodio más reciente que expuso ese equilibrio interno fue la postergación del desembarco del dirigente bonaerense Diego Valenzuela en el gobierno nacional. El traslado al gabinete había sido anticipado meses atrás, pero finalmente quedó congelado. En el oficialismo admiten que la decisión respondió a la necesidad de reordenar el tablero político antes de sumar nuevas figuras.
El gesto confirmó algo que dentro del propio espacio libertario ya pocos discuten: Karina Milei tiene capacidad de veto sobre movimientos estratégicos del gabinete.
Oposición fragmentada y sindicalismo en transición
La reorganización del poder oficialista ocurre mientras la oposición atraviesa su propia etapa de reacomodamiento. En el peronismo bonaerense proliferan disputas internas por el control partidario en varios distritos, una señal de fragmentación en un espacio que aún busca reconstruir liderazgo después de la derrota electoral.
En paralelo, el sindicalismo también empieza a mostrar cambios generacionales. El histórico dirigente docente Roberto Baradel anticipó que no buscará una nueva reelección al frente del gremio en los próximos comicios, lo que abre una transición en uno de los sindicatos más influyentes del país.
Un gobierno que apuesta a la confrontación
El resultado es un escenario político con múltiples tensiones superpuestas. Milei sostiene una narrativa de confrontación contra sectores empresariales y políticos tradicionales, mientras su hermana consolida el control interno del dispositivo oficial.
En ese esquema, el Presidente parece convencido de que la polarización permanente es parte de su estrategia de gobierno. Pero la pregunta que empieza a circular en ámbitos económicos y políticos es otra: hasta qué punto ese estilo puede convivir con la estabilidad que exige un país que todavía necesita inversiones para salir de una crisis prolongada.


