Consultorios anegados y caída de mampostería en el Iturraspe, en la capital provincial.

El estado general del hospital J.B. Iturraspe preocupa al personal que debe prestar servicio en condiciones que a veces no son las mejores. Mientras en la intersección de las avenidas Gorriti y Blas Parera se construye el nuevo edificio para el nosocomio (comenzó hace ocho años), el centenario hospital de la avenida Freyre parece no aguantar más. Los problemas estructurales no son nuevos, fueron reflejados por este medio en innumerables oportunidades, a la vez que la demanda de atención en la salud pública es cada vez mayor.

“Los problemas edilicios empeoran. Hay paredes rajadas, los techos ‘se llueven’. Las salas se van utilizando a partir de las necesidades pero por los problemas, cuando en realidad tienen otra finalidad”, comentó una mujer que trabaja en el hospital hace 30 años. En ese sentido, agregó que temen que algún desprendimiento de material lastime a algún paciente o a los trabajadores.

“En ese sector se vacunan bebés y de paso, los invito a que vengan a recorrer el área de pediatría, clínica médica, eso es una vergüenza. Y lo principal que por estas cuestiones hay gente que queda sin atención”, dijo la trabajadora que solicitó reserva de su identidad. Finalmente, advirtió que este martes entre los pasillos del hospital corrió la versión de que una de las paredes estaba electrificada.

 

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