Santa Fe adjudica un sistema de videovigilancia por US$32 millones con una única oferta y apura su implementación

En 10 segundos:
Qué pasó: la provincia adjudicó por decreto un sistema de videovigilancia por más de 32 millones de dólares para Santa Fe capital
Qué cambia desde hoy: se acelera la incorporación de inteligencia artificial al monitoreo urbano
A quién le pega: a la política de seguridad, al gasto público y a la gestión tecnológica del Estado
Qué mirar ahora: si el sistema logra resultados concretos y cómo se ejecuta un contrato sin competencia

Santa Fe, 14 de abril de 2026. El dato más concreto no está en la tecnología. Está en el proceso.

La provincia avanzó con la adjudicación de un sistema de videovigilancia que ampliará de 600 a 2.600 las cámaras en la ciudad de Santa Fe, con una inversión superior a los 32 millones de dólares. La decisión quedó formalizada en el decreto 706, que valida una licitación acelerada donde solo se presentó una empresa: Nec Argentina SA.

La expansión incluye tendido de fibra óptica, una nueva arquitectura de datos y la incorporación del sistema Lince, una plataforma que procesa imágenes con inteligencia artificial. La promesa es ambiciosa: análisis en tiempo real, reconocimiento de patrones y capacidad de respuesta más rápida frente al delito.

El punto que introduce tensión es otro.

La adjudicación se construyó sin competencia efectiva. La evaluación técnica consideró “razonable” la única oferta presentada, un criterio formalmente válido pero que deja abierta la discusión sobre precios, condiciones y alternativas que nunca se pusieron a prueba en el mercado.

En paralelo, el esquema financiero incluye un anticipo del 20% del contrato, con una contragarantía del 150%. Es una estructura habitual en obras de este tipo, aunque implica una transferencia relevante de recursos en la etapa inicial, antes de resultados visibles.

El gobierno apoya el proyecto en la experiencia de Rosario, donde el sistema ya funciona y, según datos oficiales, permitió resolver más de 300 casos en seis meses. Ese antecedente funciona como respaldo político del modelo. La incógnita es si esa performance se replica en un territorio con otra escala operativa y otra dinámica urbana.

Hay otro punto menos visible, pero igual de relevante.

El volumen de datos proyectado es alto: más de 60.000 horas de video diarias cuando el sistema esté completo. Esa capacidad técnica redefine el modo en que se gestiona la seguridad, pero también exige estructura, coordinación y criterios claros de uso. Sin eso, la acumulación de información pierde valor operativo.

El cronograma plantea que en 45 días hábiles comenzará a operar Lince sobre las cámaras existentes y que en seis meses el sistema completo estaría en funcionamiento. Los plazos son exigentes para una infraestructura de esta escala.

El movimiento del gobierno es claro: llevar la seguridad hacia un modelo basado en tecnología y análisis de datos.

Lo que queda por verse es más concreto: si esa inversión se traduce en capacidad real de prevención y esclarecimiento, o si queda atrapada en la distancia que suele aparecer entre anuncio, implementación y resultados medibles.

 

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