Campesinos floricultores piden exenciones impositivas a productores monotributistas, subsidios para la compra de insumos y una tarifa eléctrica diferenciada.
A partir de la implementación del decreto de aislamiento preventivo y obligatorio para evitar la propagación del Covid-19, los mercados mayoristas y comercios minoristas de flores cerraron sus puertas. La detención de la actividad en la ciudad y provincia de buenos Aires generó una crisis muy profunda en un sector donde la mayor parte de las y los productores son familias que viven al día y con numerosas carencias económicas en el tercer cordón del Conurbano.
En Florencio Varela, al sur del Gran Buenos Aires, los 300 floricultores y floricultoras de la zona dejaron de percibir ingresos en los últimos 55 días y perdieron la mayor parte de la producción.
“Muchos productores florícolas van a tener que dejar de producir y no van a poder sostener el alquiler. Muchos productores se van a quedar sin un lugar donde vivir porque los dueños de las tierras los van a correr”, advirtió Andrea Díaz, campesina y referente del Conurbano del Frente Agrario Evita.
Si bien esta semana se reabrió la posibilidad de comercializar la producción a través del Mercado de Flores, el mismo se habilitó sólo los miércoles y viernes de 2 a 5 de la madrugada y para el público mayorista. Las ventas escasas en el lugar –debido a la crisis económica general, al horario reducido y a la imposibilidad de acceder al público minorista de forma directa- están lejos de mitigar la situación. Y, menos aún, de recuperar las pérdidas ya ocurridas por los casi dos meses de cierre en un sector de productos perecederos.
“Cuatro meses tarda en crecer la producción y no sabemos si vamos a tener que tirar lo que todavía queda. Es todo pérdida desde hace dos meses. No tengo nada, ni para pagar alquiler. No sé qué voy a hacer”, relató con desesperación otro productor de la localidad del sur del Conurbano, Domingo Barrientos.
En las últimas semanas, el Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI) y el Frente Agrario Evita repartieron ramos de flores junto con los bolsones de verdura agroecológica que distribuyen a través de su canal de comercialización “Del campo a la mesa”. El hecho logró hacer visible el problema. Sin embargo, generó escasos ingresos para las familias floricultoras.
“Estamos perdidos, no hay plata para plantar de nuevo, ni para pagar el alquiler. Dos meses ya debo y el dueño me puede correr si no pago, ¿dónde puedo ir a vivir? ¿Dónde puedo llevar los palos del vivero? El palo es mío y la tierra es de otro”, manifestó la floricultora Bárbara Cuéllar.
Para subsistir, las familias del sector piden una exención impositiva de 6 meses para productores monotributistas; exenciones de impuestos provinciales y municipales por 6 meses; subsidios para la compra de insumos como nylon, maderas y materiales de propagación; y una tarifa eléctrica diferenciada para la producción, ya que en otoño e invierno la misma requiere de luz artificial.
Cada mes, Barrientos debe abonar cerca de 10 mil pesos sólo de luz. Es un monto elevado para un campesino del Conurbano que vive al día, al que debe sumar alquiler, insumos, abonos y otros gastos: “no puedo ni hablar, no imaginaba tener que tirar todas las flores”, concluyó.



