En 10 segundos:
Qué pasó: Mauricio Macri encabezó en Santa Fe un acto regional del PRO bajo la consigna “Próximo Paso”.
Qué cambia desde hoy: el partido intenta recuperar centralidad propia dentro del mapa opositor al kirchnerismo y aliado crítico del oficialismo nacional.
A quién le pega: a La Libertad Avanza, al PRO santafesino y a los sectores que discuten cómo ordenar el espacio no peronista hacia 2027.
Qué mirar ahora: si el PRO logra diferenciarse de Milei sin romper el frente político que sostiene parte de la agenda de cambio.
Santa Fe, 6 de junio de 2026. Mauricio Macri volvió a Santa Fe con una frase pensada para ordenar a los propios y marcar distancia sin dinamitar puentes: “Nosotros somos el próximo paso”.
El acto regional del PRO formó parte de la gira con la que el partido busca recuperar volumen político después de haber quedado, durante buena parte del ciclo libertario, en una zona incómoda: cerca del gobierno nacional, pero con identidad propia debilitada.
Antes del encuentro partidario, Macri se reunió con Maximiliano Pullaro y recorrió obras vinculadas a los Juegos Sudamericanos. La foto con el gobernador santafesino tuvo valor político: Santa Fe aparece como una provincia donde el PRO necesita seguir dentro de una coalición amplia, pero sin resignarse a ser un actor secundario.
En su discurso, el expresidente habló de “blindar el cambio” para evitar el regreso del populismo. Esa idea funcionó como puente con el electorado antikirchnerista, aunque el tramo más sensible estuvo en las advertencias sobre improvisación, justicia y personalismo.
Macri reclamó instituciones previsibles, nombramientos judiciales serios y decisiones que generen confianza. Cuando cuestionó los anuncios que se corrigen o se deshacen, dejó una señal hacia la Casa Rosada: el cambio, para el PRO, requiere método, equipo y estabilidad institucional.
También usó a Boca como ejemplo de los riesgos de confundir liderazgo con apropiación personal del poder. Fue una referencia deportiva, pero leída en clave política. Macri habló de dirigentes que reciben poder de la gente y terminan creyéndose más importantes que aquello que deben representar.
El cierre reforzó ese registro. Al leer un fragmento de su libro, advirtió que la sociedad puede perdonar errores en reformas difíciles, pero castiga los quiebres morales. En el clima actual, la frase sonó menos literaria que política.
El PRO salió de Santa Fe con una tesis clara: acompañar el cambio ya no alcanza como identidad. Ahora intenta convencer a su base de que puede ser la etapa siguiente.


