Rosario: condenaron a 21 años al tirador del crimen de Valeria Nasca y sigue abierta la pregunta por quién lo ordenó

En 10 segundos:
Qué pasó: Eric Rojas fue condenado a 21 años de prisión por el crimen de Valeria Nasca
Qué cambia desde hoy: la Justicia cerró una responsabilidad penal directa por el ataque cometido en mayo de 2023
A quién le pega: al entramado narco-empresarial ligado a Esteban Alvarado y a sus disputas pendientes
Qué mirar ahora: si la investigación logra avanzar sobre quién ordenó el asesinato

Rosario, 5 de junio de 2026. El crimen de Valeria Nasca tuvo condena, pero todavía conserva una zona oscura. La Justicia puso nombre y pena sobre uno de los hombres vinculados al ataque. La pregunta más pesada sigue sin respuesta: quién mandó a matar a una mujer que había formado parte del engranaje patrimonial de Esteban Alvarado.

El tribunal integrado por Gonzalo Fernández Bussy, Lisandro Artacho y Eleonora Verón condenó a Eric Rojas, de 30 años, a 21 años de prisión por homicidio agravado por el uso de arma de fuego. El fallo lo ubicó dentro del plan criminal que terminó con la ejecución de Nasca el 7 de mayo de 2023, frente a un galpón de Liniers al 2600, en la zona oeste de Rosario.

Los jueces, sin embargo, lo absolvieron por portación ilegal de arma de fuego de guerra y encubrimiento por beneficio de la duda. La sentencia consideró probado su vínculo con la secuencia homicida, aunque no dio por acreditado que haya sido a la vez el tirador y quien controlaba el Ford Focus robado utilizado para llegar y escapar del lugar.

Nasca tenía un lugar sensible en una historia mayor. En 2021 había admitido haber actuado como testaferro dentro del entramado de empresas de Alvarado. Era esposa de Jorge Benegas, integrante del círculo íntimo del capo narco condenado a prisión perpetua por homicidio y asociación ilícita.

El antecedente explica la gravedad política y criminal del caso. Nasca y Benegas habían acordado condenas en la causa provincial sobre la estructura empresarial de Alvarado, vinculada entre otros bienes a una mansión en Funes Hills. Ella recibió tres años de prisión condicional. Él, cinco años de cárcel.

La mecánica del asesinato tuvo rasgos de emboscada. El punto de encuentro había sido fijado para concretar la venta de un semirremolque publicado en Marketplace por Benegas. Esa mañana, según la reconstrucción judicial, Nasca llegó al lugar y fue atacada a balazos. Recibió 16 disparos. Los agresores escaparon en un Ford Focus que luego apareció abandonado cerca de las torres Fonavi de Parque Oeste.

La prueba que llevó a Rojas apareció en ese vehículo. Los peritajes detectaron dos huellas dactilares suyas en el auto, que tenía patente adulterada y había sido robado a punta de pistola en una concesionaria de Fisherton meses antes del crimen. Rojas fue detenido en Nogoyá, Entre Ríos, semanas después del ataque.

La fiscal Marisol Fabbro también reconstruyó vínculos del condenado con el entorno operativo de Alan Funes, otro nombre de peso en el mapa criminal rosarino. Funes compartía alojamiento en el penal federal de Ezeiza con Alvarado. Esa conexión abrió una línea de lectura sobre una posible instigación superior, pero el expediente no logró convertir esa hipótesis en una acusación cerrada.

Ahí queda la tensión principal. La condena ordena una parte del caso y deja intacto el interrogante que atraviesa los crímenes de sello mafioso en Rosario: cuando la ejecución aparece probada, la autoría intelectual suele quedar en un nivel más difícil de alcanzar.

El fallo contra Rojas marca un avance judicial. La investigación que queda por delante, si avanza, deberá responder si el asesinato de Nasca fue una decisión aislada de sicarios o una señal dentro de una trama narco que sigue administrando silencios desde la cárcel.

 

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