En 10 segundos:
Qué pasó: secuestraron fuegos artificiales en allanamientos por narcomenudeo en la zona sur de Rosario.
Qué cambia desde hoy: una práctica que circulaba como versión barrial aparece ahora incorporada a una investigación judicial.
A quién le pega: a vecinos del límite entre Rosario y Villa Gobernador Gálvez, al esquema de seguridad y a las redes de microventa.
Qué mirar ahora: si la pirotecnia empieza a ser tratada como señal operativa dentro de las investigaciones por narcomenudeo.
Rosario, 6 de junio de 2026. Durante años, muchos vecinos escucharon explosiones y dijeron lo mismo: “Llegó la droga”. Esta vez, la escena dejó de quedar en el terreno del comentario barrial.
En allanamientos realizados este jueves en Ayacucho al 6600 y al 6700, en el límite entre Rosario y Villa Gobernador Gálvez, la Policía de Investigaciones secuestró dos tortas de fuegos artificiales dentro de una causa por microtráfico. Según la investigación, esa pirotecnia era utilizada para avisar públicamente que había llegado la droga o que comenzaba la venta.
Los procedimientos fueron solicitados por la fiscal de microtráfico Alejandra Raigal. En total, la PDI realizó cinco operativos, aprehendió a cuatro personas e incautó 3.392.000 pesos, 100 dólares, once celulares, una moto, bochitas de cocaína y marihuana.
El hallazgo tiene una lectura que va más allá de lo anecdótico. En barrios donde la venta de droga necesita circular rápido y sin mensajes escritos visibles, el ruido funciona como señal abierta. No requiere teléfono, no deja chat y puede ser escuchado por compradores, soldaditos y vecinos al mismo tiempo.
La propia provincia ya venía mirando esa práctica. En octubre del año pasado, el funcionario de Seguridad Esteban Santantino había dicho que existía información informal sobre el uso de pirotecnia para avisar que se salía a vender, y pidió que los vecinos llamaran al 911 cuando escucharan explosiones sospechosas.
En paralelo, la Policía Federal hizo otros cinco allanamientos por una causa distinta en barrio Las Flores y La Lata, sobre domicilios de El Ceibo, Pasaje 545, Siracusa y Dean Funes. Esos procedimientos apuntaron a la llamada “Banda del pasillo”, señalada por su conexión con Los Monos, y dejaron seis personas aprehendidas.
Las dos investigaciones no forman parte del mismo legajo, pero muestran una misma escala del problema: la microventa ya no depende solo de puntos fijos, pequeñas dosis y fraccionamiento. También organiza señales, códigos y rutinas barriales.
La pirotecnia secuestrada vuelve más difícil mirar esas explosiones como simple ruido. En algunos lugares, pueden ser parte del sistema.


