Descansará en Santa Cruz.
Lo dijo en Aeroparque, antes de partir en un avión de línea rumbo a Río Gallegos. Viajó con su hijo Máximo, Zannini y la despidió la militancia. Al llegar, una caravana de La Cámpora la escoltó hasta su casa.
El movimiento en el aeroparque Jorge Newbery comenzó a partir de las 11. Vecinos, militantes se reunieron frente a la sala vip para despedir a Cristina Kirchner que viaja a Río Gallegos.
Diego Carbone su jefe de custodios supervisó cada detalle de la seguridad en el aeropuerto y en el salón vip. Quienes se acercaron a saludar a la ex presidenta esperaron varios minutos con el celular en mano para no perderse, quizás, la última foto. A las 13.52 los militantes desplegaron una gran bandera sobre el suelo con el mensaje «Gracias Néstor y Cristina», preparando la despedida final para la ex jefa de Estado que descansará fuera del poder, en Santa Cruz.
El primero en llegar fue Carlos Zannini ex secretario Legal y Técnico, ovacionado por la militancia que cantaba «vamos a voler, a volver a volver, vamos a volver». Se tomó el tiempo para fotografiarse con un grupo de vecinos. Sonrió, se mostró emocionado por momentos y después, ante la consulta de Clarín, sólo respondió: «Sí vi la asunción de Macri». Y evitó hacer comentarios antes de ingresar al VIP. Zannini, que tenía su asiento en primera clase, viajó a la capital santacruceña para participar de la asunción de Alicia Kirchner, al igual que la ex presidenta.
Minutos después Mariano Recalde, que dejará en horas su cargo frente a Aerolíneas Argentina, llegó a Aeroparque para despedir a Cristina Kirchner. Entre abrazos del personal de la línea de bandera y de militantes, se refirió al discurso del flamante presidente: «Me pareció un discurso breve nada más», acotó.
Por la puerta número 3 se anunció la salida del vuelo 1862 con destino a Río Gallegos, pero como algo casi anecdótico llamaron varias veces a Diego Carbone, jefe de la custodia de Cristina Kirchner durante su presidencia. A último momento hubo un cambio de avión y se reprogramaron varios asientos, por eso requerían su presencia.
Antes de las 15 horas, mientras la gente comenzó a abordar el avión, Cristina ingresaba por la pista. Pero regresó al acceso de aeroparque para saludar a la militancia que la esperó desde temprano con banderas. Afuera, una columna de trabajadores aeronáuticos se ubicó frente al dispositivo de seguridad desplegado, con carteles que decían «gracias Cristina» y muchos aplausos.
De camisa blanca, calzas negras y siempre arreglada, Cristina subió al avión su asiento fue el 3E. A su lado se sentó Máximo Kirchner y parte de sus secretarios y personal de seguridad. «No pude ver nada de la asunción de Macri», respondió entre risas y dijo que estuvo «a las corridas con los preparativos del viaje». Se sentó, pidió a sus colaboradores su cartera y le solicitó a Máximo que se quede a su lado. La gente le pidió fotos y dijo sentirse «muy bien», y fiel a su estilo agregó «ustedes (por los periodistas) escriban lo que ven». Con ellos viajó Virginia García, cuñada de Máximo y senadora nacional.
Después de mucho tiempo, la ex presidenta volvió a un vuelo regular. Tres horas y diez minutos tardará el vuelo y en tono irónico cuando le preguntaron por qué viajaba en clase turista dijo «¡y qué querés, que vaya en el ala?».
A las 18.50 el avión de Aerolíneas aterrizó en el aeropuerto de Río Gallegos. Cristina Kirchner no quiso privilegios y esperó su turno para descender. Cuando se levantó del asiento, hubo otro aplauso generalizado y del fondo se escuchó un tímido «vamos Cristina».
La ex presidenta habló poco con la prensa, «ya hablé mucho ayer che» dijo ante la insistencia de los periodistas y a los cánticos de la militancia que la despidieron en Plaza de Mayo diciendo «vamos a volver», Cristina respondió entre risas: «Les digo que ahora estoy volviendo a Río Gallegos». Su chiste final fue para Zannini, «cómo torraste todo el viaje vos», y todo terminó en una sonrisa.
Al descender del Boening 777, Cristina fue recibida por un importante número de militantes y vecinos que la rodearon ovacionándola. Fue dificultoso llegar al vehículo que la esperaba en la puerta del aeropuerto local. Afuera con seis grados y un viento que se hizo sentir, la aguardó una gran caravana de autos con banderas de La Cámpora, que la escoltaron hasta su casa.
En la entrada de la ciudad, la recibió un gran pasacalle con el mensaje «Nuestros sueños no se privatizan ni devalúan». Cristina se dirigió a su residencia del barrio Jardín.


