En 10 segundos
Qué pasó: Agustín Rossi analizó el escenario político nacional y llamó al peronismo a construir una estrategia de unidad.
Qué cambia desde hoy: el debate interno deja de centrarse únicamente en los nombres y empieza a incorporar condiciones políticas para una eventual reunificación.
A quién le pega: al conjunto del peronismo y a quienes buscan disputar el poder en las próximas elecciones.
Qué mirar ahora: si los distintos sectores logran avanzar hacia un acuerdo programático o profundizan la fragmentación.
Buenos Aires, 2 de julio de 2026. Agustín Rossi eligió dejar de discutir candidaturas para poner el foco en un problema que considera mucho más profundo: la arquitectura política con la que el peronismo llegará a las próximas elecciones. Su diagnóstico parte de una premisa sencilla. Mientras el oficialismo trabaja para ampliar su base de sustentación, la principal fuerza opositora continúa atravesada por tensiones que todavía no encuentra cómo resolver.
Durante una entrevista con El Destape, el dirigente sostuvo que el Gobierno de Javier Milei avanza hacia un esquema de mayor consolidación política mediante la incorporación de sectores provenientes del PRO y otros espacios de centroderecha. En ese contexto interpretó la eventual llegada de nuevos dirigentes al gabinete nacional como parte de una estrategia orientada a construir una única oferta electoral para 2027.
Frente a ese escenario, Rossi planteó que el peronismo enfrenta una decisión que excede la competencia interna. «La unidad no garantiza la victoria, pero la división consagra la derrota», afirmó, en una de las definiciones más contundentes de la entrevista.
Su propuesta no consiste en eliminar las diferencias entre los distintos sectores del movimiento. Por el contrario, reconoce que existen visiones distintas sobre economía, funcionamiento del Estado, justicia y política internacional. Lo que plantea es que esas diferencias sean administradas dentro de un acuerdo político básico que permita competir sin romper definitivamente la estructura común.
La discusión, según Rossi, debería organizarse alrededor de un conjunto reducido de ejes programáticos compartidos y de reglas de convivencia capaces de sostener la unidad una vez concluido el proceso electoral interno. En su lectura, el verdadero riesgo aparece cuando la disputa por el liderazgo termina debilitando la competitividad del espacio frente a un oficialismo que busca ampliar su propia coalición.
El dirigente también describió un cambio en el humor social que, a su entender, debería modificar la estrategia opositora. Relató que en sus recorridas ya no percibe únicamente expresiones de rechazo al Gobierno, sino una demanda creciente para que el peronismo construya una alternativa capaz de disputar el poder. Esa percepción lo llevó a sostener que el desafío pasa menos por disputar el electorado de derecha y más por representar a quienes sienten que hoy no encuentran una referencia política.
Dentro de esa construcción ubicó un papel central para los movimientos sociales y, especialmente, para el movimiento de mujeres, al que definió como uno de los principales motores de las transformaciones políticas y culturales de la última década.
Hacia el final de la entrevista apareció el tema más sensible para el universo peronista: la situación judicial de Cristina Fernández de Kirchner. Rossi consideró que cualquier proyecto nacional y popular deberá asumir una posición explícita sobre ese expediente y sostuvo que quienes aspiren a conducir el espacio tendrán que definir si utilizarían las herramientas constitucionales disponibles para revertir esa situación.
Más allá de esa definición puntual, la entrevista dejó una idea de fondo. Para Rossi, el principal desafío del peronismo no consiste únicamente en encontrar un candidato competitivo. Consiste en construir un acuerdo político suficientemente sólido para enfrentar a un oficialismo que, según su análisis, trabaja para llegar a la próxima elección con un frente cada vez más amplio y cohesionado.


