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Qué pasó: Diego Santilli asumió como jefe de Gabinete y el Gobierno reorganizó su estrategia política y electoral.
Qué cambia desde hoy: la gestión priorizará acuerdos, gobernabilidad y resultados económicos por encima de la confrontación que caracterizó la primera etapa.
A quién le pega: al oficialismo, a sus aliados parlamentarios y a los gobernadores con los que buscará construir mayorías.
Qué mirar ahora: cómo se reconfigura el equilibrio interno entre Karina Milei, Santiago Caputo y los nuevos actores que conducirán la campaña hacia 2027.
Buenos Aires, 1 de julio de 2026. Toda gestión termina adaptándose a la realidad que encuentra. La designación de Diego Santilli como jefe de Gabinete expone que La Libertad Avanza atraviesa ese momento. El oficialismo comenzó a reemplazar la lógica de la irrupción por la de la administración del poder.
La modificación supera un simple cambio de nombres. Dentro de la Casa Rosada admiten que la campaña permanente contra «la casta», uno de los pilares que impulsó el triunfo presidencial, perdió capacidad para ordenar la agenda de gobierno. El desafío ahora pasa por sostener la estabilidad económica, mostrar capacidad de gestión y construir mayorías que permitan avanzar con reformas en el Congreso.
Ese movimiento también refleja una realidad política. La salida de dirigentes que integraban el círculo original obligó al Presidente a apoyarse cada vez más en figuras provenientes de otros espacios. Santilli representa esa transición: aporta experiencia de gestión, vínculos con gobernadores y capacidad de negociación en un escenario donde el Gobierno necesita ampliar su base de sustentación.
El nuevo esquema también redefine el reparto interno del poder. Karina Milei concentrará el armado electoral nacional y provincial junto a Eduardo y Martín Menem, mientras que Santiago Caputo conservará su rol como principal asesor estratégico del Presidente, aunque sin intervenir directamente en la construcción territorial. La distribución busca reducir las disputas internas que marcaron buena parte del último año.
En paralelo, la comunicación oficial empieza a mostrar otra impronta. La primera conferencia del nuevo vocero presidencial, Adrián Ravier, tuvo un perfil técnico, con foco casi exclusivo en economía y gestión. El mensaje parece acompañar el cambio de estrategia: menos confrontación discursiva y mayor énfasis en indicadores, reformas y estabilidad.
El objetivo de fondo aparece cada vez más claro. La Casa Rosada ya piensa en la elección presidencial de 2027 desde una lógica distinta a la que la llevó al poder. El desafío dejó de ser conquistar el sistema político y pasó a demostrar que puede administrarlo sin perder identidad. La eficacia de esa transformación empezará a medirse mucho antes de que se abran las urnas.


