En 10 segundos:
Qué pasó: la madre de Ema Bondaruk impulsa una ley para prevenir la violencia de género digital en el ámbito educativo.
Qué cambia desde hoy: el proyecto ya tiene media sanción y espera el tratamiento del Senado santafesino.
A quién le pega: a estudiantes, familias, docentes e instituciones educativas de toda la provincia.
Qué mirar ahora: si Santa Fe se convierte en la primera provincia del país en contar con una herramienta integral para abordar esta problemática.
Santa Fe, 5 de julio de 2026. La violencia digital suele avanzar más rápido que la capacidad de reacción de quienes la padecen. Cuando las consecuencias aparecen, muchas veces el daño ya es irreversible.
Ese fue el punto de partida que transformó el dolor de Laura Sánchez en una causa pública. Su hija, Ema Bondaruk, tenía 15 años cuando decidió quitarse la vida luego de que imágenes íntimas fueran difundidas sin su consentimiento. Desde entonces, su familia trabaja para que otras historias no recorran el mismo camino.
La iniciativa tomó forma en dos herramientas. La primera fue la Guía Ema, un material pensado para brindar orientación a escuelas, familias y comunidades educativas frente a situaciones de violencia digital. La segunda es la denominada Ley Ema, un proyecto que ya obtuvo media sanción en la Cámara de Diputados de Santa Fe y propone crear el Sistema Provincial para la Prevención y Abordaje Integral de la Violencia Digital en el Ámbito Educativo. Ahora espera la definición del Senado.
La propuesta parte de un diagnóstico concreto: las agresiones que ocurren en redes sociales, aplicaciones de mensajería o plataformas digitales producen consecuencias reales sobre la salud mental, la convivencia escolar y la vida cotidiana. La velocidad con la que circulan los contenidos, sumada a la exposición permanente, exige respuestas diferentes a las previstas por los protocolos tradicionales.
Lejos de concentrarse únicamente en las sanciones, el proyecto incorpora prevención, acompañamiento, educación digital y reparación. La intención es que las escuelas cuenten con herramientas para intervenir antes de que un conflicto virtual escale hasta convertirse en una situación irreversible.
Mientras la discusión legislativa continúa, la historia de Ema ya trascendió el ámbito personal. Su nombre pasó a representar un debate que atraviesa a familias, docentes y adolescentes de todo el país: cómo construir entornos digitales donde la tecnología no amplifique las violencias, sino que conviva con reglas claras, responsabilidad y protección.


